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El impacto de la tecnología en el negocio ovino

El experto Daniel Claro analiza a fondo los beneficios generados por las diversas herramientas que existen y que se encuentran disponibles en los países líderes en este negocio como Nueva Zelandia y en otros como Chile.

Viernes, 21 de agosto de 2015 a las 8:30
Daniel  Claro
Daniel Claro

La tecnología demora muchos años en desarrollarse. Sin embargo, la demora para que los resultados sean aplicados de forma masiva por los potenciales usuarios es mucho más grande.

La investigación en los países líderes en tecnología ovina y también en Chile, ha logrado avances muy importantes en los últimos 30 años para el aumento de la producción de los dos pilares del rubro: las praderas y las ovejas.

En nuestro país, lamentablemente por diversos motivos, el uso masivo de la mayor parte de estos conocimientos es muy escaso, particularmente en lo que se relaciona con las ovejas propiamente tal. Esto, en parte, es porque existe un déficit en la preparación de los profesionales que se dedican a los ovinos, a excepción de Magallanes.

Esta situación no es de extrañar, dado que en Chile el ovino ha sido un rubro perdedor en los últimos 50 años. En el pasado, para perfeccionarse en producción ovina con estudios de posgrado en los países líderes, principalmente en Nueva Zelandia, había que tener una vocación muy fuerte y mucho amor por las ovejas, o adivinar que en un futuro lejano el rubro tendría un enorme potencial al aplicar tecnologías modernas. Por esta razón, son muy escasos los profesionales que apostaron por este rubro.

Ahora que las perspectivas mundiales hacen de este rubro un proyecto con gran futuro, se nota esta debilidad. Por lo mismo, ojalá que las universidades remedien esta falencia, con cursos de perfeccionamiento para los profesionales actuales que no tuvieron la oportunidad de conocer lo mejor de la tecnología.

Los nuevos profesionales se verán incentivados por el auspicioso futuro del rubro y las cada vez mayores facilidades de estudiar en el extranjero. También por las oportunidades laborales que deberán presentarse a mediano plazo.

El presente

Para el territorio comprendido entre las regiones de Valparaíso y de Aysén, las tecnologías para producir forraje y su mejor utilización, son bastante conocidas, particularmente en producción de leche y carne bovina. Muchas de ellas también son perfectamente aplicables a los ovinos.

Las principales falencias están en el rubro ovino propiamente tal.

Hoy, en la mayor parte del país, salvo en Magallanes, la producción ovina ya no se puede sostener en base a tecnologías de manejo extensivo, con enormes superficies de terreno y muy bajas dotaciones de ganado por hectárea, que es característica de suelos pobres y de bajo valor.

El aumento del valor de la tierra y de los costos de producción, por un lado, y la baja del precio de los productos, por otro, ha hecho indispensable la intensificación del uso del suelo. Para ello se han utilizado fertilizantes, praderas sembradas y ovejas muy eficientes.

Se acabó el tiempo de la ovejería bucólica, con rutinas de manejo muy tranquilas, a paso lento; tecnologías sencillas y de bajo costo. Muchos de los productores que no percibieron oportunamente el cambio de escenario ya han desaparecido. Los que no tomen medidas adecuadas para modernizarse, desaparecerán en el corto plazo.

La producción de lana

Qué producir como rubro principal, es una pregunta válida cuando se tiene un animal que entrega carne y lana. Y es que, por lo mismo, requiere distintas exigencias nutricionales, ambientales y genéticas. A esto se debe agregar que sus mercados son totalmente independientes entre sí.

En el caso de Magallanes, la lana siempre va a tener un lugar importante en el balance de la oveja de doble propósito. El negocio ovino magallánico comenzó en el siglo 19 con dos productos principales: sebo y lana. Con el desarrollo de la industria frigorífica, a fines del siglo 19, la carne fue desplazando al sebo hasta eliminarlo.

Desde mediados de los 90 la carne ha aumentado de forma muy significativa su demanda mundial y precio, mientras que las lanas tradicionales fueron bajando su valor. Hoy, más del 70% del ingreso de la mayor parte de los productores magallánicos, proviene de la carne, a pesar de utilizar ovejas de doble propósito y continuar con su cultura lanera.

Recientemente, en Magallanes hay una nueva tendencia de producir lana fina de alto valor, lo que ha llevado a cambiar la tradicional genética Corriedale.

La gran ventaja de la producción de lana, es que se adapta mucho mejor que la carne a los climas áridos, con baja producción de forraje, pues el proceso productivo es menos exigente que las altas demandas nutricionales que implica la producción de carne.

La aparición en Australia, hace unos 15 años, de un fardo de lana ultra fina, dentro de un universo superior a 4 millones de fardos, causó gran expectación. Dicha lana tenía una finura cercana a 14 micras, similar a la lana de vicuña. En el remate el precio fue cercano a US$ 5.000 por kilo, unas 500 veces más cara que el kilo de lana merino tradicional.

Hoy, la lana ultra fina, en base a la selección rigurosa en el Merino Saxon, alcanza hasta 11 micras de finura, siendo sin duda la lana más fina del mundo. Además del proceso de selección, se han desarrollado nuevas tecnologías de manejo como destinar a la producción sólo ovinos capones, encerrados en jaulas, dentro de galpones climatizados, cubiertos con capas protectoras del vellón y con nutrición diseñada especialmente para este fin.

La crianza de merinos para este propósito ha aumentado, pero no de forma explosiva, a pesar de la tentación del precio. Hay fuertes objeciones en contra de este manejo, que atenta contra el bienestar animal. Además las inversiones en genética, instalaciones y manejo son muy elevadas. Pero lo más importante es que en la medida que aumenta la oferta de esta lana Premium, el precio baja. En la actualidad, el mejor fardo de 100 kilos con la lana más fina del mundo con 11,8 micras, se vendió a US$ 1.500 dólares por kilo. Las lanas de 14 micras se transan entre US$ 150 y US$ 300 dólares por kilo, el cual es muy inferior a los US$ 5.000 dólares originales.

A nivel nacional, no han faltado los entusiastas que, documentados vía internet, recomiendan que el futuro de la ovejería en la zona central y centro sur, debe apuntar a la producción de lana, transformando los rebaños Suffolk en productores de lana ultra fina.

Este tipo de recomendaciones, sin fundamentos de peso, sólo sirven para desorientar aún más a los ya desorientados productores.

Entre las regiones de Valparaíso y Aysén (salvo la estepa de coironales de Aysén), la producción de lana sólo tiene un valor marginal, con menos de 5% del valor de los ingresos.

El secano central, donde domina la aridez durante la mayor parte del año, tampoco favorece comercialmente a la producción de lana, pues con sólo 4 meses de forraje abundante y de buena calidad, los corderos son el producto principal.

En la zona sur, con pasto verde todo el año y 8 meses de abundante producción de forraje, las condiciones no podrían ser mejores para utilizar razas de carne.

Producción de carne

En el negocio de la producción de carne ovina intervienen cientos de factores, cuyo conocimiento pleno, tanto en sus bases científicas como en sus aspectos prácticos, es indispensable para darle seguridad al sistema productivo, y así evitar imprevistos y sorpresas que pueden llevar a un fracaso.

La complejidad tecnológica de un sistema intensivo de producción ovina se asemeja a la de un plantel lechero de alto nivel, muy distante a la creencia popular, basada en la tradición de los sistemas extensivos.

En un sistema intensivo de producción, para maximizar los retornos y la productividad, se trabaja cerca del límite superior, por lo que cualquier error puede significar el fracaso de un año de trabajo. Es un riesgo que hay que saber manejar.

Es evidente que los riesgos son mayores que en los sistemas productivos antiguos, donde la intervención humana era mínima. Hoy, el proceso productivo es muy dinámico, tanto en la producción de forraje y manejo de las praderas, como en el de las ovejas, su alimentación, sanidad y manejo reproductivo. Hay que estar siempre atento y observar permanentemente el ganado y las praderas.

Por lo mismo, se requiere de un amplio conocimiento de todos los factores productivos en profundidad, con el fin de prevenir cualquier imprevisto y actuar de forma preventiva. Sólo así el negocio será seguro y entregará altas rentabilidades.

Dentro de los numerosos componentes que intervienen en un sistema moderno de producción de carne ovina, los que generan mayor impacto en los resultados económicos son dos: el manejo de la nutrición y la genética.

En ambos casos el aporte de la tecnología generada por la investigación científica, en todo el mundo y también en Chile, ha sido enorme y constante. La ciencia no descansa y sigue trabajando para generar la tecnología del mañana.

La nutrición

La nutrición de la oveja se basa principalmente en el consumo de pasto cosechado directamente por ella durante el pastoreo. La producción de forraje no es uniforme durante el año y su curva productiva depende de las características climáticas de la localidad, de la fertilidad del suelo y de las especies forrajeras dominantes en la pradera. Hay periodos, generalmente en primavera, donde en sólo dos meses se produce el 65% del volumen anual y otros, en invierno, donde el crecimiento es insignificante. La situación es aún mucho más extrema en los secanos de la zona central, donde todos los años hay, al menos, 7 meses de sequía, sin producción de pasto en verano y otoño.

Por otra parte, la oveja tampoco tiene una demanda uniforme de alimento. Sus requerimientos nutricionales son mínimos, durante casi 8 meses del año, luego del destete y durante sus primeros 100 días de preñez. Esta situación cambia en el peak de su lactancia, donde a los 60 días de edad, los corderos y su madre requieren 4 veces más alimento que una oveja seca.

Una de las medidas básicas de manejo nutricional es darle a la oveja el alimento que necesita, de acuerdo a su ciclo reproductivo. La forma más eficiente de hacerlo es ajustar la curva de requerimientos nutricionales con la curva de producción de forraje. Para ello, las dos herramientas recomendadas son:

1-Fijar la fecha de nacimiento de los corderos en las proximidades del inicio del crecimiento acelerado del forraje en primavera.

Hoy es un gran error fijar la fecha de nacimiento para tratar de obtener mejores precios en la venta de corderos. El precio, en la actualidad, es bastante estable durante todo el año. Por ello, lo más aconsejable es que los corderos nazcan cuando se inicia el crecimiento de la pradera en primavera, fecha que varía según la localidad y calidad de las praderas. Así, las ovejas llegan en mejores condiciones al parto, tienen menor mortalidad, producen más leche y crían muchos más y mejores corderos.

2-Suplementar el ganado en los puntos críticos del ciclo productivo, generalmente en invierno, un mes antes del parto. En el secano, en tanto, hay que preocuparse del nivel proteico en verano. Se debe utilizar la cosecha de excedente de forrajes, conservados como heno, ensilaje o cultivos forrajeros y ocasionalmente algún insumo comprado.

El forraje producido por las praderas es el insumo principal de la producción de carne ovina. El aporte de la tecnología ha sido enorme, tanto en su producción como en la mejorara de la eficiencia en su utilización.

Con la fertilización de los suelos y la siembra de praderas, se ha aumentado considerablemente la producción de forraje.

En la zona sur, por ejemplo, se ha pasado de 2-3 toneladas de materia seca por hectárea, hasta más de 15 toneladas. Así, la capacidad potencial de sustentación o carga animal ha subido desde 3 a más de 20 ovejas por hectárea, con sus respectivas crías.

En el secano de la zona central y centro sur, el incremento ha sido desde 0,8-1 toneladas de materia seca por hectárea a 8 toneladas por hectárea, lo que significa un incremento de la capacidad de carga desde 0,8-1 oveja/ha a 6 ovejas /ha.

En resumen, la tecnología ha permitido aumentar, potencialmente, la productividad del suelo en al menos 5-7 veces en la zona sur y también en el secano.

La inversión para lograr este salto productivo es significativa, principalmente en fertilizantes, pero muy inferior al valor de la tierra, por lo que se ha transformado en la forma más eficiente de aumentar el tamaño de las explotaciones ganaderas. Así, mejorando sus praderas, un pequeño productor se puede transformar en un productor de tamaño mediano y uno mediano en uno grande. Al menos, ese es su potencial si contara con el apoyo financiero y tecnológico.

Otro aspecto fundamental, donde la tecnología ha hecho un aporte muy significativo, es en el manejo, utilización de praderas y conservación de forrajes.

Aquí, sin duda, la herramienta más importante ha sido el uso del cerco eléctrico, que permite un apotreramiento adecuado a bajo costo y le da una gran flexibilidad al manejo de praderas y ganado.

También ha sido muy importante el aporte de la tecnología de distribución de agua potable, por medio de mangueras o cañerías de bajo costo, para abastecer bebederos con flotadores y así mantener permanentemente al ganado bien abastecido de agua, en cada potrero. Incluso, ya se utilizan bombas de agua impulsadas por energía solar.

Un adecuado abastecimiento de agua potable permite aumentar hasta en 30% la eficiencia de utilización del forraje. El consumo de agua por parte de una oveja depende, en gran medida, del tipo de alimento que consuma y del clima. En invierno, al haber bajas temperaturas y disponer de alimento suculento, la oveja consume aproximadamente 0,5 lt de agua diariamente, mientras que en verano con temperaturas altas, cerca de 30 grados y forraje totalmente seco, el consumo será superior a los 7 lt por día, en el secano de la zona central.

La conservación de forrajes también ha tenido grandes avances con la introducción de cultivos forrajeros, ya sea para cosecha mecanizada o para consumo directo. En este tema es notable el avance hacia la zona sur de la alfalfa y del maíz, especies forrajeras ideales para conservar forraje. Hace no tanto tiempo, dichos cultivos eran imposibles en el sur, al no disponer de la tecnología adecuada. Recientemente, se ha popularizado con gran rapidez el uso de ensilaje en bolsas de polietileno (bolos), que se pueden almacenar en el mismo potrero e incluso permiten su traslado y comercialización.

La genética

Es el tema tecnológico que más discusiones ha generado y sigue generando, no sólo en Chile, sino también en países que están a la vanguardia en la producción ovina.

El mejor ejemplo para ilustrar los errores que se cometen y el costo que ellos significan, es el caso de Nueva Zelandia, que es uno de los principales líderes mundiales en tecnología ovina.

Este país ha destacado hace más de 100 años por la excelencia de sus praderas y de los adelantos tecnológicos desarrollados por ellos mismos. Por algo toda su ganadería se basa en la utilización de praderas, siendo una ganadería netamente pastoril. Gracias a su eficiencia y a pesar de ser un país pequeño, son los principales exportadores de carne ovina y de leche. Inventaron el cerco eléctrico y el uso de aviones para la siembra y aplicación de fertilizantes en los lomajes y cerros.

Sin embargo, en los años 70 llegaron al techo, tanto en la producción como en la eficiencia de utilización de sus praderas. Allí empezaron los primeros problemas para muchos productores ovinos, que con la declinación de los precios no fueron capaces de obtener la utilidad esperada.

En ese entonces Nueva Zelandia tenía una población de 70 millones de ovinos. Más del 90% de las ovejas eran de la raza Romney, que se cruzaban con carneros South Down para producir corderos de exportación. La producción por oveja era de 1 cordero destetado, con 26 kilos de peso vivo. En las mejores praderas se mantenían 15 ovejas/ha, produciendo 390 kilos de peso vivo/ha.

El gran problema, no detectado por muchos años, fue la utilización de genética de baja eficiencia productiva, que no permitía expresar en dinero la excelencia de las praderas y su manejo.

Los productores de punta tenían planteles de Pedigree, con registros genealógicos que se remontaban a casi 100 años. Sólo se registraba el parentesco, pero no los parámetros productivos. La selección se hacía por línea de Pedigree y por apariencia física, no por producciones medibles.

A mediados de los años 60, el Profesor Sir Ian Coop, comenzó su trabajo de cruzar el Romney con Border Leicester, junto con un estricto programa de selección, para aumentar la cantidad de mellizos producidos. Tuvo que luchar muchos años con los planteles de Pedigree, que no valoraron este nuevo avance tecnológico y despectivamente catalogaron a la raza resultante, Coopworth, como "mestiza".

Este Coopwoorth producía 50% más de corderos destetados por oveja. Esta mejoría se logró gracias a la cruza de dos razas complementarias y, en menor medida, por la selección y vigor híbrido.

Un trabajo de mucho mayor impacto fue el realizado por el Dr. Jock Allison, a comienzo de los años 90, al introducir al conservador escenario racial de Nueva Zelandia, las razas Finnish Landrace, Texel y East Friesian. Sin embargo, lo más importante fue introducir el concepto de formación de nuevas razas o compuestos, basado en los descubrimientos de los norteamericanos en Clay Center, Nebraska, en los años 60. Ahora quedaba claro que los registros genealógicos basados en el Pedigree, sin antecedentes productivos, no tenían mayor valor.

En los años 90 la situación de los productores ovinos de Nueva Zelandia era tan mala, que el inventario nacional se había reducido a sólo 30 millones de ovejas y muchos cientos de productores habían vendido sus campos.

A pesar de la férrea oposición de los planteles de Pedigree productores de genética tradicional, preferentemente Romney, el esfuerzo del Dr. Allison fructificó y en sólo 15 años, el promedio nacional de las ovejas en Nueva Zelandia subió a 1,4 corderos destetados, con más de 37 kilos de peso vivo por cordero. Los productores con buenas praderas ahora producen algo más de 900 kilos de cordero/ha.

Hoy, gracias al cambio genético generalizado, tanto por la aparición de nuevas razas, como por un fuerte proceso de selección por resultados, Nueva Zelandia, con 30 millones de ovejas, produce casi la misma cantidad de carne de cordero que cuando tenía 70 millones de ovejas. Lamentablemente para ellos, han llegado a un nuevo techo, pues en el corto plazo no hay tecnologías disponibles para seguir aumentando la eficiencia de sus ovejas, ni la producción de sus praderas. Tampoco hay nuevos terrenos de baja producción que mejorar. El aumento de los costos vuelve a transformarse en una amenaza para estos productores.

Su próxima meta será producir corderos pesados, de sobre 25 kg de canal. Para ello deberán volver a cambar su genética, introduciendo germoplasma que favorezca la producción de leche de la oveja y el carácter magro de las crías.

Paralelamente, los científicos en Nueva Zelandia ya trabajan para aumentar la eficiencia reproductiva de la oveja, con avances anuales de 3% a 4%, mientras que los genetistas forrajeros aumentan en 3% anual la productividad de las nuevas forrajeras que saldrán al mercado en los próximos años.

La situación en Chile

El desconcierto sobre qué raza utilizar es muy grande entre los profesionales y con mayor razón entre los productores. Y es que, a menudo, se recomiendan razas, sin haber definido primero cuáles son los objetivos de mayor impacto para el productor.

Por ejemplo, se recomienda mucho utilizar carneros Texel. Si el objetivo principal fuera mejorar la calidad del cordero con animales magros y de mejor conformación, la recomendación estaría correcta. Sin embargo, para el productor, por lejos, la prioridad es aumentar el número de corderos destetados por oveja encastada.

Esto no se logra con el Texel. Al contrario, la mayor parte de las líneas Texel son utilizadas sólo como cruzamiento terminal, donde todas las crías hembras van a matadero. La razón es su baja tasa de prolificidad, pues produce muy pocos mellizos. De esa forma, es imposible aumentar la masa de un productor. Si dejara hembras de esta cruza para su reproducción, obtendría cada vez menos corderos, al ir reemplazando cada año una parte de su rebaño por un ganado poco prolífico.

Esta recomendación de usar Texel es muy buena para mejorar la calidad de los corderos, factor que hoy en Chile casi no se valora ni se paga. En nueva Zelandia la principal raza de carneros para cruzamientos terminales es el Texel.

Otro ejemplo es la recomendación de usar Suffolk, debido a su gran popularidad. Se olvidan que en el país es una raza poco prolífica y que los corderos se engrasan a los 30 kilos de peso vivo. Si se utilizara estas ovejas, aún en praderas de muy alta productividad, no sería un negocio rentable, por la baja cantidad de corderos producidos y la limitación en su peso de faenamiento.

La recomendación más curiosa es utilizar el Dorset en la zona sur, para tener un ciclo sexual amplio y así producir 1,5 o, en algunos casos, hasta dos partos al año. En primer lugar, por la latitud geográfica, las razas de ciclo amplio, sólo expresan parcialmente esta característica. Adicionalmente, no es recomendable pasar directamente de un manejo prácticamente extensivo, con un parto al año y un solo cordero destetado por oveja, a otro manejo muy intensivo, con más de un parto anual. Primero hay que dominar el manejo reproductivo y nutricional del rebaño, produciendo en un parto una proporción importante de mellizos. Sin la adecuada nutrición, el fracaso de tener partos frecuentes está garantizado.

Otros factores no considerados en esta recomendación es la poca prolificidad de los Dorset y su tendencia a engrasarse cuando sobrepasan los 35 kilos de peso vivo, por lo que su productividad es menor.

Un factor muy importante, que recién se está teniendo en cuenta en el extranjero, es la precocidad sexual, donde con encastes a los 7 meses de edad, las hembras producen un cordero cuando recién cumplen un año. Este es un cordero adicional en su vida productiva, no afecta su posterior desempeño y los corderos son muy similares a los de ovejas adultas.

Como esta categoría de hembras representa la clase más numerosa del inventario, muchas veces sobre el 25%, el lograr en promedio un cordero significa aumentar el porcentaje de parición del predio en forma muy importante y prácticamente sin ningún costo adicional.

En resumen, antes de recomendar una determinada genética, es necesario definir lo que se quiere obtener y cómo dicha genética cumple con los resultados esperados.

Los principales requerimientos son:

1-Alta prolificidad, con al menos 1,5 corderos destetados por oveja adulta.

2-Precocidad sexual, que permita obtener al menos 1 cordero destetado en borregas, cuando cumplan 1 año de edad, con encastes a los 7-8 meses de edad.

3-Calidad carnicera del cordero, donde lo más importante es que sea magro y permita faenarlo, al menos con 45 kilos de peso vivo.

4-Carne tierna, sabrosa y suave, sin olor.

5-Buena proporción de músculos que den origen a chuletas grandes y piernas voluminosas.


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Análisis
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Para que el grano cosechado cumpla los requerimientos para satisfacer de manera adecuada la demanda de nutrientes y materia seca para que los animales entreguen una leche de buena calidad es cumplir ciertas exigencias que consideran la elección de la semilla y la fertilización.
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Considerando que este rubro tiene márgenes muy apretados, es fundamental identificar el punto crítico, es decir, la instancia donde el animal deja de producir músculo y comienza a acumular grasa, lo que aumenta costos y reduce la utilidad.
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Conservación del forraje en bolos con pastos de alta calidad y con una confección adecuada, permite un nivel de materia seca de entre 35% y 65%. En el ensilaje fluctúa entre 18% y 35%.

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