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Pasos para determinar la calidad de los forrajes conservados

Luego de realizar una correcta confección de silajes, henos y henolajes es necesario conocer sus calidades nutritivas para incluirlos en la dieta de los animales. Cómo extraer las muestras y enviarlas al laboratorio es clave para conseguir resultados confiables.

Martes, 18 de agosto de 2015 a las 8:30
Daniel  A. Valerio
Daniel A. Valerio

El avance de la participación de los forrajes conservados es uno de los pilares de las mayores productividades alcanzadas en las ganadería de carne y leche. Pasada la temporada de confección de los distintos tipos de reservas forrajeras, es necesario determinar con la mayor precisión posible la calidad de las mismas. Esto permitirá conocer en forma precisa el aporte de cada forraje conservado a la dieta de los animales a los que se destinarán y, a la vez, elaborar una acertada planificación forrajera anual del establecimiento.

Para ello, en primer lugar es necesario conocer cómo se debe realizar una correcta toma de las muestras y cómo se deben acondicionar esas muestras para un adecuado envío al laboratorio, de manera que los resultados de ese análisis sean un buen reflejo de la calidad del forraje conservado que se entregará a los animales.

En uno de los trabajos publicado por dos especialistas en el tema, los ingenieros agrónomos Pablo A. Cattani y Fernando A. Opacak, se señala que “El primer error que se comete al intentar obtener una muestra es que ésta no es lo suficientemente homogénea” y que otro error frecuente es que no se respetan los tiempos de fermentación y estabilización del forraje conservado, que en el caso de los materiales ensilados debe ser de por lo menos 30 días, período que conviene respetar aún en los casos que el material ensilado haya sido inoculado aunque, como es sabido, esta práctica puede acelerar el proceso de fermentación.

Las consideraciones a tener en cuenta para el muestreo son distintas para cada tipo de forraje conservado, por lo tanto se analizarán separadamente.

Ensilajes

Las herramientas utilizadas y la forma de tomar las muestras son prácticamente las mismas ya sea que se trate de silos aéreos o silos bolsa. Lo ideal es contar con un “sacabocado”, preferentemente de acero inoxidable, con el extremo perforante afilado, que pueda ser adosado a un taladro con el que se puedan tomar muestras de distintos sitios del silo y a diferentes profundidades. En caso de realizar la toma de muestras directamente con las manos, se recomienda previamente remover la capa exterior del silo que ha tomado contacto con el aire.

Si se trata de un silo bolsa, la principal recomendación es cerrar adecuadamente cada una de las aberturas realizadas para la toma de muestras, para evitar la entrada de oxígeno al silo.

Las muestras tomadas de diversos sitios del silo se deben mezclar y distribuir sobre un nylon o mesada. Es aconsejable darle a esa mezcla la forma de “pizza” y dividirla en cuatro partes -con forma de “porciones” de pizza- de aproximadamente igual tamaño. Luego tomar dos partes, que se encuentren enfrentadas, que constituirán la muestra que se enviará al laboratorio y que deberá rondar en 2,5 kilos de peso.

Cattani y Opacak recomiendan que, independientemente del resultado obtenido del laboratorio, es importante hacer un análisis de la uniformidad y el tamaño de picado y del procesado de los granos, ya que tendrán impacto en la respuesta del animal.

Una práctica sencilla para extraer y cuantificar el grado y cantidad de granos partidos es arrojar una muestra del silo en un balde con agua, dado que los granos precipitarán y de esa forma se facilitará separarlos del resto del material. La importancia de realizar esta evaluación es que en el laboratorio las muestras se muelen y arrojan niveles de energía disponible que, cuando el grano está bien maduro pero no partido, no condice con la respuesta animal, debido a que el almidón no se encuentra disponible para las bacterias amilolíticas que habitan en el rumen.

Henos

Para la toma de muestras de henos, en primer lugar se debe descartar (y cuantificar) la capa exterior que presenta el mayor deterioro y luego con un calador sacar una porción de forraje del interior del fardo o rollo.

Otra opción, en el caso de no contar con un calador o que éste no tenga suficiente filo, es cortar una porción del fardo o rollo que será enviada al laboratorio. Es muy importante que esa muestra no se tome mediante el “arrancado” manual para que no se modifique la proporción de tallos y hojas. La toma de muestras mediante el “arrancado” -que es muy frecuente- deriva en que una menor cantidad de hojas llegan al laboratorio y consecuentemente los resultados arrojan contenidos de proteínas menores y de fibra mayores que los que realmente contiene el heno que se está analizando. Este problema se acentúa cuando se trabaja con henos de leguminosas, como la alfalfa.

Henolajes

En el caso de los henolajes la toma de muestras se realiza de la misma forma que los henos, pero para el envío al laboratorio se deben tomar los mismos recaudos que con las muestras de silajes ya que se trata de un material fermentado que, dependiendo del contacto y de la temperatura ambiente, sufre un proceso de oxidación que deteriora su calidad nutricional. Por lo tanto, es necesario recalcar que el material que se envíe al laboratorio debe ser extraído de un paquete recién abierto de manera que sea representativo de la calidad del forraje conservado.

Envío al laboratorio

Después de realizar en forma correcta la toma de muestras, se debe cumplir con un adecuado acondicionamiento de la misma para ser trasladada al laboratorio conservando sus características originales.

En el caso de los silajes lo más recomendable es que, siempre que se pueda, las muestras se despachen congeladas. En caso contrario, se pueden mantener refrigeradas pero sólo si se garantiza que desde que se tomó la muestra hasta su llegada al laboratorio no pasarán más de 24 horas.

En cualquiera de los casos anteriores, se recomienda acondicionar la muestra con doble bolsa plástica para reducir el riesgo de pinchaduras que faciliten la entrada de oxígeno.

Como reaseguro se debe realizar una doble identificación de cada muestra, la primera con una etiqueta con los datos que la identifiquen (ver recuadro) colocada entre las dos bolsas y la segunda pegada en la parte externa de la segunda bolsa o escrita con marcador indeleble sobre la misma.

Etiquetado de la muestra

A modo de ejemplo, se sugiere que los datos que deben acompañar a una muestra de forraje que se envía al laboratorio deben ser, como mínimo, los siguientes:

-Fecha de extracción

-Empresa

-Apellido y nombre

-Número de la muestra

-Establecimiento

-Lote

-Tipo de material:

a-Silaje

b-Heno

c-Henolaje

-Cultivo:

a-Maíz

b-Sorgo

c-Trigo

d-Alfalfa


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