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Estrategias para el mejoramiento de las praderas degradadas

Los estudios de mejoramiento de praderas muestran que el método a emplear pasa por un compromiso entre la velocidad del mejoramiento, la persistencia del mismo y el grado de alteración/intervención que se aplique.

Viernes, 14 de noviembre de 2014 a las 8:30
Ignacio López
Ignacio López

Dr. Ignacio F. López y Dr. José Dörner.

Para los sistemas de producción animal con rumiantes, la pradera y su utilización son aspectos centrales que requieren una especial atención. Por lo mismo, cuando la producción actual de una pradera es menor a su potencial, es probable que variables ambientales o del pastoreo la estén limitando. Esto puede estar ligado a procesos de degradación del suelo y de la pradera. Si la producción de una pradera está por debajo de su potencial productivo, recuperarla puede ser complejo y requerir de bastante tiempo y energía, ya que no sólo es la composición botánica la que está deteriorada, sino que también los componentes estructurales y de fertilidad del suelo.

Por lo mismo, antes de intervenir una pradera degradada, es necesario conocer las causas que la han llevado a dicha condición, con el fin de entregar una solución apropiada.

El presente documento presenta resultados de los proyectos Fondecyt 1130795 y 1100957, estudios financiados por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, del Gobierno de Chile, los que analizan el impacto de las estrategias de mejoramiento de praderas degradadas.

El estado de salud de una pradera se puede medir a través de su condición (Dyksterhuis, 1949), la cual se obtiene al contrastar su estado actual con el que ella tendría en un estado óptimo (Gastó et al., 1993). Los atributos que se evalúan se relacionan con la fertilidad y estructura del suelo y a la pradera, como la composición botánica, la densidad y producción de materia seca. Todos ellos pueden ser modificados en diversos grados y velocidades, y articular el mejoramiento de la condición.

Por lo tanto, establecer la condición de una pradera y los factores que la limitan, son el punto de partida para diseñar estrategias de mejora, que permitan acercarse al óptimo productivo de un sitio específico.

El camino tradicional

La preparación mecánica del suelo, por medio del arado y el rastreado, y la siembra de las especies pratenses deseadas ha sido el método tradicional utilizado por los productores nacionales para mejorar las praderas degradadas. Sin embargo, las praderas sembradas para durar 6 años o más, a menudo, son invadidas por otras especies, por lo que al año 3 su composición botánica ya no corresponde a lo que se estableció. De hecho, esta situación es común en la zona sur de Chile y en Nueva Zelandia.

Investigaciones en praderas desarrolladas por más de 20 años en el Instituto de Producción Animal de la Universidad Austral de Chile han mostrado que el ingreso espontáneo de especies a una pradera no necesariamente significa que la pradera se esté degradando. Lo cierto es que si la pradera mantiene altos rendimientos y calidad, no quiere decir que haya perdido condición, aunque sí hay ganado en diversidad (Keim et al., s/f). Entonces, que una pradera mantenga una condición alta o comience a degradarse está determinado por las características de la producción y la calidad de las especies pratenses que la componen.

El aumento de la diversidad de especies competidoras en la pradera es deseable, ya que incrementa el grado de estabilidad frente a alteraciones ambientales, como puede ser la sequía estival (López et al., 2013). En climas templados húmedos, como los de la zona sur de Chile, el paso del verano puede provocar cambios severos en la composición botánica, debido al déficit hídrico. Así, el verano puede ser más crítico para una pradera que el período invernal. En ese contexto, mientras mayor sea el estrés hídrico del verano, mayor será la pérdida de la condición para el otoño siguiente. Esto se acentúa más en praderas de arraigamiento medio-superficial, como las basadas en Lolium perenne (ballica inglesa) y Trifolium repens (trébol blanco).

Alternativas de bajo nivel de intervención

A diferencia de la preparación tradicional, la cero labranza y la fertilización/encalado de praderas no alteran la estructura del suelo. Así, la distribución y el funcionamiento del sistema de poros corresponden al de la pradera original. Un suelo trumao, al ser arado y rastreado, aumenta su capacidad de almacenamiento de agua, pero disminuye el ascenso capilar de la misma, por la pérdida de continuidad de los poros (Dörner et al., 2013). Esto es relevante, durante el verano, para la sobrevivencia de especies competidoras de arraigamiento superficial a medio, como la ballica inglesa y el trébol blanco.

Figura 1: Estacionalidad de las tasas de crecimiento de la pradera mixta (PMv), pradera diversa (PDv), pradera naturalizada fertilizada (PNFv) y pradera naturalizada sin fertilizar (PNSFv) bajo pastoreo intensivo por vacas lecheras durante tres años de evaluación. Barras de error indican el error estándar del promedio (sem). (Keim et al., s/f).

Resultados del proyecto Fondecyt 1100957 mostraron que especies como Bromus valdivianus (bromo) y Dactylis glomerata (pasto ovillo) —ambas de arraigamiento profundo—, aumentan la cantidad de poros funcionales y la conductividad y retención del agua en el perfil del suelo. De igual forma, el flujo capilar de agua asciende desde las estratas a profundidad media o mayores (bajo los 60 cm) hacia las estratas medias y superficiales. Esto ayuda a paliar el estrés hídrico y aumenta la sobrevivencia de las especies de arraigamiento superficial, generando efectos positivos para el rendimiento anual de la pradera (Figura 1).

En este estudio, además, se mejoraron praderas con pastoreo ovino intensivo, luego de 3 años de evaluación. La pradera mixta (ballica inglesa y trébol blanco) sembrada, por ejemplo, alcanzó rendimientos anuales de: Año 1: 9453; Año 2: 10921; Año 3: 11550 kg MS/ha/año. Alternativas a ella estaban la pradera polifítica o diversa (PDo), sembrada con ballica inglesa, bromo, pasto ovillo, Holcus lanatus (pasto dulce o pasto miel) y trébol blanco, la cual entregó rendimientos comparables o superiores a la anterior (PDo: Año 1: 7880; Año 2: 10822; Año 3: 13734 kg MS/ha/año); y la pradera naturalizada fertilizada (PNFo: Año 1: 8415; Año 2: 8443; Año 3: 12800 kg MS/ha/año). En PDo y PNFo las especies de arraigamiento profundo mejoraron el flujo del agua en el perfil del suelo y permitieron un mayor crecimiento y rendimiento de la pradera. Al tercer año PDo poseía 68% de gramíneas deseables y PNFo 30%. En esta última las gramíneas deseables aumentaron 2,3 veces (base materia seca) respecto de la pradera inicial.

En estudios de mejoramiento de praderas, financiados por Soprole y por el Consorcio Lechero, en los que se pastoreó la pradera intensivamente con vacas lecheras, los resultados fueron consistentes: superaron los 10.000 kg MS/ha/año, al trabajar con praderas sembradas polifíticas (diversas; PDv) o mixtas (PMv), o al haber fertilizado y encalado la pradera original (PNFv). Lo cierto es que la colonización de especies gramíneas competidoras deseables fue más rápida que en el caso de las praderas pastoreadas por ovinos. De hecho, al cuarto año el 85% de la pradera en PNFv correspondía a gramíneas deseables, 87% en PMv y 98% en PDv. La pradera control, en tanto, tenía 44% de ellas.

En la actualidad, la Estación Experimental Agropecuaria Austral de la Universidad Austral de Chile, desarrolla a tres años el proyecto Fondecyt 1130795 de mejoramiento sustentable de praderas con pastoreo ovino intensivo, el que consiste en iniciar el pastoreo cuando la pradera alcanza los 10 cm de altura y terminar el pastoreo cuando la pradera residual es de 5 cm.

Para ello, se aplican cuatro estrategias de mejoramiento de la pradera:

a) Encalar y fertilizar para liminar los problemas asociados a los bajos niveles de fertilidad del suelo. Con esto se estimula la colonización espontánea de especies pratenses de rápido crecimiento y buena calidad (pradera encalada/fertilizada: PF).

b) Preparar el suelo mecánicamente y sembrar la mezcla de ballica inglesa y trébol blanco (siembra tradicional: ST).

c) Regeneración de praderas usando la cero labranza para incorporar ballica inglesa y trébol blanco (cero labranza mixta: CL).

d) Regeneración de praderas usando cero labranza, con el fin de incorporar una mezcla diversa de especies pratenses: ballica inglesa, trébol blanco, pasto ovillo, bromo y pasto miel (cero labranza diversa: CLD).

Todas las praderas obtuvieron un alto nivel de establecimiento y población de las especies incorporadas. A un año de iniciada la investigación en ST 93% de la producción anual correspondió a las especies incorporadas, 98% para CL, y 88% para CLD. En PF las especies de rápido crecimiento correspondieron a 35%, 1.9 veces más que en la pradera degradada, cuya producción anual fue de 4078 kg MS/ha. La temporada 2013-2014 tuvo un período seco que se extendió desde inicios de noviembre hasta abril. Esto tuvo un efecto negativo en el crecimiento de las praderas, acentuado para las praderas nuevas. Por esto el primer año ST produjo 7499 kg MS/ha, CLD 6729 kg MS/ha y CL 7302 kg MS/ha. Si bien esto fue un problema para PF, el encalado y la fertilización facilitaron la expresión de especies deseadas, entregando 8421 kg MS/ha.

La diversidad de especies en una pradera permanente es un factor que, si bien puede hacer más complejo el pastoreo, le confiere una mayor estabilidad y sustentabilidad a todo el sistema de pradera. La combinación de aparatos radicales en un mayor rango del perfil de suelo, permiten una cosecha y flujo más exhaustivo de los nutrientes desde el suelo. Además, aumentan la cantidad de poros funcionales y los flujos de agua (López et al., 2013). Todo esto es favorable para el desarrollo de especies pratenses de mayores tasas de crecimiento, producción y calidad.

Los estudios de mejoramiento de praderas muestran que el método a emplear pasa por un compromiso entre la velocidad del mejoramiento, la persistencia del mismo y el grado de alteración/intervención que se aplique.

La fuerte intervención del suelo, a través de la preparación tradicional de suelo y la siembra de mezclas simples (un par de especies), entrega resultados rápidos pero de baja persistencia. La fertilización/encalado de la pradera original y el control del pastoreo, estimulan el establecimiento y colonización (expansión) espontánea de especies de rápido crecimiento, las que aumentan la producción de la pradera en el mediano plazo y le confieren una alta persistencia y sustentabilidad. La incorporación de mezclas diversas a través de la cero labranza, es una opción intermedia entre las dos alternativas anteriores, ya que es de respuesta rápida, diversa y de alta persistencia y sustentabilidad.


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