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Aplicación nutricional diferenciada: Una técnica para optimizar los recursos

En base a esta herramienta de diagnóstico se puede maximizar el uso de recursos en el campo, asociados a la inversión y distribución del fertilizante u abono.

Martes, 16 de febrero de 2016 a las 8:30
Fernando Manqui
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Fernando Manqui

El diagnóstico del suministro del suelo es una herramienta que informa sobre el estado de fertilidad del mismo. Este antecedente es muy relevante al momento de seleccionar una especie a cultivar con miras a obtener buenos rendimientos. La nutrición de los vegetales es uno de los factores que se pueden manejar agronómicamente, teniendo presente que se encuentra interaccionando con las relaciones clima-suelo-cultivo-fertilizante, entendiendo este proceso como un sistema dinámico y variable en el tiempo. Por tanto, los profesionales del agro buscan poder predecir el ajuste ideal que necesita el sistema para sustentar un manejo integral de fertilización que permita, por una parte, corregir y mantener un estado nutricional aceptable del suelo y, por otra, sostener o aumentar la rentabilidad del predio, disminuyendo el impacto medioambiental que genera nuestra intervención. Esto con objeto de equilibrar la demanda nutricional del cultivo para las etapas de crecimiento y desarrollo.

El método más empleado para tratar de interpretar el estado nutricional del suelo, ha sido solamente el análisis del suelo. En esta práctica existen variadas formas y criterios de colectar las muestras de suelo en el terreno. Cualquiera que sea la elegida, siempre se agruparán sub-muestras que conformarán una muestra final que será enviada a un laboratorio. Estos resultados son datos (promedios) por elemento nutricional que no expresan la medida de dispersión o variabilidad que existe entre las muestras captadas.

Hoy, con el avance de la tecnología, tenemos disponibles otros métodos que pueden representar de mejor forma el estado nutricional del suelo, como los estudios multitemporales de las principales variables biofísicas que afectan la producción de los cultivos (índices vegetacionales, temperaturas, humedades y topografías, entre otros). Éstas, en conjunto, permiten identificar zonas de respuestas homogéneas que siempre han expresado los cultivos a través del tiempo. Este nuevo modelo de análisis, permite determinar puntos de muestreo dirigidos, que indican por medio de coordenadas los sectores del campo en que se deben tomar las muestras de suelo, las que posteriormente se enviarán a un laboratorio. Obtenido este conjunto de información, se originan geodatos que se asocian a una coordenada específica, permitiendo mediante modelos espaciales y de cálculo generar una nube de puntos de observación, los que muestran una tendencia gráfica, que evidenciasn mapas por cada elemento del suministro del suelo. De esta forma se posibilita la identificación de zonas con diferentes estados nutricionales. La representación gráfica de este tipo de análisis se asemeja al de un semáforo, es decir, el color rojo simboliza un sector con problemas nutricionales; el color amarillo señala precaución nutricional: y el color verde expresa la mejor condición nutricional del suelo (Figura 1).

En base a esta herramienta de diagnóstico, hoy se puede maximizar el uso de recursos en el campo, asociados a la inversión y distribución del fertilizante u abono a emplear, situación que antes era imposible de establecer.

A partir de esta información, se pueden agrupar y discriminar zonas con deficiencia, zonas intermedias y zonas con condiciones óptimas de nutrición para el cultivo. Queda entonces realizar la planificación de la distribución del fertilizante u abono que se ajuste a cada zona (figura 2). Por consiguiente, se evita una subfertilización o sobrefertilización que se practica al interpretar solamente un análisis de suelos. Con la implementación de este cambio se optimiza el uso eficiente de los recursos.


En la práctica, la distribución del fertilizante dependerá de las herramientas con que se cuente en el predio. Hoy nuestro país avanza hacia la mecanización de las labores agrícolas. El productor, una vez que se posiciona en esta etapa de la modernización, comienza a mirar hacia la automatización y eficiencia de los trabajos en terreno. Es así que poco a poco se han introducido en los campos chilenos las “máquinas de aplicación variable” que suministran el fertilizante comandadas por un “controlador” que pertenece a ésta máquina, o también se les asocia una herramienta externa denominada “banderillero satelital”. Ambos dispositivos tienen la misma función: dirigir. La funcionalidad de estos equipos, basan su acción en la información proporcionada por un GPS (sistema de posicionamiento global), que permite comandar la acción de la máquina sobre el terreno, aplicando la dosis de fertilizante de manera más precisa que la forma tradicional. Así también, tiene la capacidad de reconocer áreas ya fertilizadas, es decir, si se transita aplicando normalmente el fertilizante en el terreno y por error se vuelve a pasar por un área con la distribución finalizada, automáticamente se bloquearán los conductos que alimentan la salida del fertilizante que será expulsada hacia el exterior, evitando traslapar las aplicaciones en campo y con ello se economiza el fertilizante. Esta tecnología es capaz de generar un reporte automático e informar, por medio de un software, algunos indicadores como superficie efectivamente aplicada, dosis real entregada, costo de la aplicación por hectárea, cantidad de fertilizante que ha quedado en la tolva, entre otros.

Es necesario destacar que no existe restricción para emplear las emergentes tecnologías de información que se disponen en el mercado, pudiendo diseñar una zonificación de aplicación predial que permita distribuir diferenciadamente las dosis de fertilizante en terreno. No necesariamente se deben comprar todas las máquinas para implementar esta estrategia, dado que podemos “arar con los bueyes que tenemos en el campo”. Es decir, en base a la información de un diagnóstico nutricional del suministro del suelo, podemos de forma manual ubicar estacas con banderines en terreno que delimiten cada sector utilizando el mismo trompo fertilizador que habitualmente empleamos en el campo.

“La tecnología avanza rápidamente, pero podemos fusionarla y adaptarla para caminar a nuestro propio ritmo”.

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