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Selección y eficiencia biológica del ganado lechero para sistemas estacionales de producción de leche

¿Cómo lograr sistemas productivos lecheros competitivos, que respondan a las pautas de pago vigentes, y no morir en el intento? La selección del biotipo adecuado es uno de los factores que no debemos olvidar, ya que puede marcar el éxito o el fracaso a largo plazo del negocio lechero.

Martes, 03 de junio de 2014 a las 8:30
Raúl  Araya
Raúl Araya

Jefe del Departamento de Innovación y Desarrollo de Aproleche Osorno

Tal como se ha comentado en columnas anteriores, los sistemas estacionales de producción de leche basan su estrategia alimenticia en la sincronización de los requerimientos del rebaño con la curva de crecimiento y calidad nutritiva de la pradera (Anrique y Latrille, 2003). La principal ventaja de este sistema radica en que al utilizar a la pradera como la única o principal fuente alimenticia, disminuyen considerablemente los costos de producción. Esto es muy relevante, puesto que este ítem según su nivel de intensificación, puede representar entre un 50 a un 70% de los costos totales de la explotación lechera (Manterola, 2004).

Con sistemas de producción, sustentados fundamentalmente por lo que produce la pradera a partir de la pluviometría, la tendencia natural para reducir los costos de producción ha sido la implementación de partos estacionales a fines de invierno e inicio de primavera. La dependencia de este sistema a la curva de crecimiento de las praderas, le otorga una marcada estacionalidad productiva, concentrándose los mayores niveles de producción de leche en la época de máximo crecimiento del pastizal (González y Magofke, 2004).

Cambios necesarios

Para poder aprovechar de forma eficiente las praderas, se debe trabajar con animales que se adecuen a situaciones pastoriles y que estos logren expresar su potencial genético lo máximo posible, en características productivas y reproductivas. A su vez, se deben considerar las nuevas condiciones que ha impuesto el mercado. Ejemplo de ello es que en la década pasada, Chile pasó de ser un importador neto a exportador de productos lácteos, lo que en la práctica trajo consigo una serie de cambios orientados a esta nueva condición: “ya no se puede producir agua sino sólidos”.

Hoy, el contenido de los sólidos lácteos en nuestro país, medido en porcentaje de leche fresca, en promedio no sobrepasa el 7,1%, mientras tanto, naciones referentes en materia láctea mundial y que poseen condiciones agroclimáticas similares a las nuestras, como Irlanda y Nueva Zelanda, superan con creces el 8,2% y 8,56% promedio, respectivamente (Donnellan y col. 2011 - LIC, 2012). Un escenario claro e inapelable y que nos deja de manifiesto, que no hemos avanzado a la velocidad que se requiere.

Bajo este escenario, se hace imperativa la necesidad de adaptar en Chile, un sistema productivo de leche basado en el uso intensivo de la pradera; principal recurso forrajero de la zona sur de nuestro país, que permite disminuir los costos de producción y que además, mejora considerablemente los contenidos de sólidos de la leche, cuando es cosechada en forma directa y eficiente por biotipos seleccionados para producir leche en base a praderas. Modelo probado y validado por naciones con exitosa vocación exportadora de lácteos, y altamente adaptable a la realidad local.

Atributos del modelo y biotipo pastoril

Estudios ratifican la ventaja de utilizar biotipos pastoriles, dado que poseen pesos vivos más bajos, permitiendo tener requerimientos de mantención mucho menores. A esto se suma, la mayor proporción de tracto digestivo en comparación a su cuerpo, lo que les permite ser más eficiente en el aprovechamiento de los forrajes (Grainger y Goddard, 2004), a diferencia de otros biotipos seleccionados para otros sistemas productivos de leche.

Tradicionalmente en los sistemas de producción lecheros de la zona sur del país, se ha utilizado razas especializadas. Dentro de los biotipos más estudiados destacan el Holstein Americano por su gran volumen de producción, ideal para sistemas de estabulación permanente o con un mínimo de pastoreo; el Holstein Neozelandés (HNZ), que comparado con el Holstein Americano (HA), produce individuamente menos leche, pero con mayores tenores de grasa y proteína láctea (Santibáñez et al., 1988); y por último el Jersey (J), caracterizado por su gran producción de sólidos, especialmente grasa láctea (Magofke y González, 1999).

Entre los distintos biotipos lecheros, existen disparidades de producción y peso vivo, siendo esta diferencia más notable en el caso de la raza Jersey comparada con el Holstein Americano (del orden del 30%), donde las diferencias de peso vivo son más relevantes que las diferencias de producción de leche, (Magofke y González, 1999).

A pesar de que la producción individual de leche es superior en el Holstein, el tenor graso y en menor medida el tenor proteico, son muy superiores en la raza Jersey, lo cual permite obtener producciones de grasa por unidad de superficie superiores y similares producciones de proteína, dejando a ambas razas en niveles de competitividad económica parecida. A pesar de que la heterosis en las características de producción láctea es baja (6 a 8%) (Ahlborn-Breier y Hohenboken, 1991), los cruzamientos pueden ser una opción con buenas posibilidades, ya que además de la heterosis, es posible explotar la complementariedad de las razas.

¿Cómo lograr sistemas productivos lecheros competitivos, que respondan a las pautas de pago vigentes, y no morir en el intento? La selección del biotipo adecuado es uno de los factores que no debemos olvidar, ya que puede marcar el éxito o el fracaso a largo plazo del negocio lechero. No se deben olvidar las posibilidades que se abren con el hibridaje, que será abordado en otro artículo.


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