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Manejo de los toros durante el servicio

Después de evaluar la aptitud reproductiva individual de cada toro, es necesario considerar una serie de pautas para el manejo de los grupos de reproductores durante la temporada de servicios de los rodeos de cría.

Martes, 27 de mayo de 2014 a las 8:30
Daniel  A. Valerio
Daniel A. Valerio

El manejo de los toros durante la temporada de servicio encierra varios aspectos que son considerados clave para lograr altas tasas reproductivas en un rodeo de cría bovina. Es por esto que, luego de determinar la aptitud reproductiva individual de cada uno de los toros que serán utilizados en la siguiente temporada de servicios, se recomiendan una serie de medidas y estrategias que permiten mejorar el trabajo de la torada en cada lote de hembras.

En primer lugar es de gran importancia tener identificados individualmente a los toros de manera de poder evaluar posteriormente el comportamiento de cada uno de ellos a través de los resultados obtenidos en el rodeo sobre el que estuvo trabajando. Por lo tanto, se recomienda mantener una identificación permanente de cada reproductor macho a través de tatuajes, número marcado a fuego, etc, acompañado por otra identificación que se pueda observar con facilidad, sin necesidad de sujetar al animal, como es el caso de las caravanas. De esta forma, al evaluar la preñez a través de la palpación rectal de las hembras a los 45 a 60 días de haber retirado los toros, se podrá contrastar ese resultado con los toros que trabajaron en ese rodeo o categoría de hembras.

El porcentaje de toros que se utilizará, es decir el número de toros empleados cada 100 vientres, es otro de los aspectos clave que deberá considerarse. Aunque se tiende a generalizar, por ejemplo es habitual indicar el 3% de toros (1 cada 33 hembras), este porcentaje no es fijo. La relación entre machos y hembras depende de varios factores, entre los que aparecen la extensión de los potreros y sus características –presencia de montes, lagunas, arroyos, etc.-, el tamaño del rodeo, y el potencial reproductivo de los toros. El último factor puede ser estimado a través del potencial de entore, que indica la cantidad de hembras que puede ser asignada a cada toro en un servicio natural a campo y que se establece relacionando la circunferencia escrotal de ese reproductor con el resultado que haya arrojado en la prueba de capacidad de servicio, que es la cantidad de servicios que ese toro pudo dar en un período de 20 minutos a hembras embretadas en un corral.

En el caso de que los potreros son grandes u ofrecen dificultades para que los toros accedan a las hembras en celo, como puede ser la presencia de montes, es posible que se necesite aumentar el porcentaje de toros empleados, por ejemplo al 5%. Sin embargo, no hay razones que justifiquen elevar más el porcentaje de toros y, contrariamente a lo que se suele creer, una cantidad de toros excesiva puede llegar a ser contraproducente porque aumenta las peleas entre ellos, incrementando las lesiones, a la vez que es económicamente negativo. En los establecimientos que utilizan altos porcentajes de toros, del 7 al 10%, es frecuente que en realidad haya problemas de manejo o presencia de enfermedades venéreas.

Los lotes de toros que trabajarán sobre cada rodeo deben presentar cierta homogeneidad, es decir que se debe evitar mezclar machos jóvenes con adultos, ni mochos con astados. De esta forma se evitarán los problemas sociales que se generan entre los reproductores machos, que además de derivar en peleas y lesiones puede dificultar o directamente inhibir el trabajo de los animales de menor jerarquía. El problema se agrava cuando el toro dominante es de baja fertilidad. En el establecimiento de ese orden social juegan la experiencia de cada toro –determinada por su antigüedad en el rodeo-, su edad, peso y, entre otros factores, si es o no astado.

Aún es frecuente encontrar establecimientos de cría bovina en los que se sigue utilizando una antigua recomendación que ya hace muchos años ha quedado superada: la rotación de los toros durante la temporada de servicio. Esto, por lo general, se realiza intercambiando los toros entre los distintos rodeos de hembras. Sin embargo, existen suficientes razones para no realizar esta práctica. Entre ellas, aparece en primer lugar la cuestión sanitaria, ya que en el caso que se presentase una enfermedad infecciosa la rotación de los toros contribuiría a que se difunda entre los diferentes grupos de hembras. En segundo lugar se tiene el factor comportamiento, ya que los toros pasan por un período de adaptación al cambiarlos de potrero a la vez que se estimularían las peleas que surgen mientras se establece un nuevo orden social entre los grupos de reproductores, esas dos razones llevarán a que queden hembras en celo sin cubrir. Por último, aparecen cuestiones ligadas al manejo del rodeo, ya que se requerirá una mayor cantidad de horas del personal del establecimiento para cumplir con las rotaciones, que se suelen realizar en forma semanal, quincenal o mensual.

Sin embargo, pueden aparecer diferentes causas que lleven a la necesidad de retirar toros del servicio. Las más frecuentes suelen ser los reproductores que se lesionan, los que no trabajan, o los que mantienen frecuentes peleas con sus compañeros de rodeo. En esos casos, la decisión de reponerlo o no depende esencialmente del momento en el que se deba refugar a ese toro. En rodeos reproductivamente ordenados, con temporadas de servicios de 90 días, si se decide la salida de un toro después del primer mes de servicio, por lo general no será necesario reponerlo, ya que el 60% de las hembras estarán preñadas. Por lo tanto, las hembras restantes podrán ser cubiertas fácilmente por los otros toros que se encuentren trabajando en ese lote.

Precisamente para poder chequear el comportamiento y estado de los toros, entre otros objetivos, es que se recomienda muy enfáticamente que durante la temporada de entore se realicen recorridas diarias para observar cómo están trabajando estos reproductores.

Por último, es importante recordar que al terminar la época de servicios los toros deben ser alojados en un potrero cuyos alambrados ofrezcan la seguridad de que los puedan contener apartados de los rodeos de hembras.


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