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Claves para definir planes de manejo nutricional en suelos y plantas

El hecho de que un elemento pueda moverse o no dentro de la planta nos ayuda a reconocer deficiencias nutricionales y también a saber cómo corregirlas.

Viernes, 24 de octubre de 2014 a las 8:30
Sebastián Saa
Sebastián Saa

Los nutrientes se mueven a las raíces de los árboles sólo cuando el suelo está húmedo. El aporte de los nutrientes en el suelo depende de: (1) la cantidad de nutrientes existentes y (2) la solubilidad de esos nutrientes. Ambos factores se determinan a partir del conocimiento del contenido mineral, el pH, el CEC y la cantidad de materia orgánica del suelo. De esta forma, el suelo no sólo debe servir de ancoraje sino también permitir la penetración de las raíces, aportando el agua y oxígeno necesarios para soportar el máximo rendimiento.

Los nutrientes en el suelo pueden ser divididos en móviles e inmóviles. Como regla general, los elementos móviles son aquellos que se mueven con el agua a través del suelo húmedo (principio conocido como movimiento de masas). Los elementos inmóviles, en tanto, son aquellos que se mueven mayoritariamente por flujos de diferencias de concentración (principio conocido como difusión). El movimiento por difusión es mucho más lento que el movimiento por masas y sólo puede abarcar distancias muy cortas (pocos milímetros en un par de semanas). A excepción del B y Cl prácticamente todos los micronutrientes (Fe, Zn, Mn, Cu, etc) son inmóviles en el suelo y sólo se pueden obtener cuando las raíces están muy cerca de ellos. Por lo tanto el crecimiento radicular y los patrones de crecimiento (finesa de las raíces, profundidad de las raíces, etc) son críticos para aumentar la absorción de los elementos inmóviles en el suelo. Otros elementos que presentan escasa movilidad son el fósforo y el potasio. Este último es altamente dependiente del tipo de suelo.

Cabe destacar que la movilidad de un elemento no es lo único necesario para que una planta pueda asimilarlos. Todos los nutrientes que se necesitan deben estar en solución antes de que puedan ser absorbidos. Que un nutriente esté en solución depende mayoritariamente del pH del suelo y del elemento. Las limitaciones de solubilidad, por lo general, son más frecuentes en el caso del fierro y el fósforo. De hecho, existen muy pocos suelos con suficiente concentración de Fe en solución para soportar un buen crecimiento vegetativo. Sin embargo, las raíces de las plantas son comúnmente capaces de interactuar con el suelo y aumentar la solubilidad de dichos elementos para evitar deficiencias. Por lo mismo, la absorción de micronutrientes (Zn, Fe, Mn) depende, principalmente, de la capacidad de las raíces para aumentar la solubilidad de estos nutrientes en el entorno que las rodea (ej. A través de un cambio de pH) y de la concentración de materia orgánica, entre otros factores. En conclusión, contar con un sistema radicular sano y activo es fundamental.

Una vez en la planta, los nutrientes pueden ser móviles o inmóviles, lo que dependerá de la capacidad que tenga la planta para transportarlos de un lugar a otro. Aquellos nutrientes que sólo se pueden mover por la corriente transpiratoria (xilema) son conocidos como nutrientes inmóviles (Ca, Zn, Mn, Fe). Por el contrario, aquellos elementos que se pueden mover por la corriente respiratoria y en conjunto con los productos de la fotosíntesis (a través del floema) se conocen como elementos móviles (N, K, Mg, S, P, Cl).

El hecho de que un elemento pueda moverse o no dentro de la planta nos ayuda a reconocer deficiencias nutricionales y también a saber cómo corregirlas. En el caso de los elementos inmóviles en las plantas, los síntomas nutricionales de deficiencia aparecen rápidamente en los tejidos jóvenes, ya que los nutrientes almacenados en los tejidos más viejos no pueden moverse con el fin de “ayudar” a los tejidos más jóvenes. Por otro lado, los síntomas de deficiencia en los elementos móviles aparecen en los tejidos antiguos, debido a que el nutriente puede “viajar” desde tejidos viejos a tejidos nuevos.

Respecto a cómo corregir las deficiencias, en el caso de los elementos inmóviles en la planta —por ejemplo, Fe y Zn—, las aplicaciones foliares aparecen como una estrategia de fertilización bastante buena. Sin embargo, es importante tener en cuenta que un buen mojamiento de la canopia es clave para que el producto funcione. Cabe destacar que el elemento no móvil sólo actuará en el lugar donde fue aplicado, debido a que el elemento en cuestión no es móvil. En el caso de los elementos móviles en la planta, como el nitrógeno, fósforo y potasio, las aplicaciones pueden tener un beneficio a más largo plazo e incluir fertilizaciones de postcosecha con el fin de generar reservas para la siguiente temporada.


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