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Manejos fitosanitarios de invierno y calibración de equipos de pulverizadores

El correcto y oportuno manejo fitosanitario realizado durante otoño- invierno es esencial para prevenir el ingreso de enfermedades a los frutales.

Jueves, 05 de junio de 2014 a las 8:30
Cristian  Fuentes
Cristian Fuentes

Académico de la Escuela de Recursos Naturales de Duoc UC

El correcto y oportuno manejo fitosanitario realizado durante otoño- invierno es esencial para prevenir el ingreso de enfermedades a los frutales, ya que en estos meses los de hoja caduca se encuentran muy susceptibles a hongos, bacterias, virus o viroides. Esto se debe a que se encuentran en el estado fenológico de caída de hojas, donde producto de las heridas que se originan por este fenómeno se favorece la entrada de estos patógenos. Menor importancia tienen las plagas sobre estos frutales ya que debido a las condiciones climáticas presentes en los meses de otoño e invierno, bajas temperaturas y presencia de precipitaciones, la mayoría de las plagas se inactiva, estando presentes como huevos o larvas. No obstante, su población aumenta en los meses con temperaturas benéficas para su desarrollo.

Dentro de las enfermedades más graves que atacan fuertemente en los meses de otoño e invierno a los prunus, se encuentra el cáncer bacterial (agente causal Pseudomonas siringae), conocido también como gomosis, el cual presenta una amplia distribución a nivel mundial y nacional. Sus síntomas visibles son: cancros no siempre delimitados (irregulares), gomosis (de una coloración oscura), manchas necróticas circulares en hojas y frutos.

El ingreso de esta bacteria se potencia con presencia de heladas, lluvias -en especial a fines de invierno- y viento. Las heridas de poda o lesiones de las hojas al caer también propician la entrada de esta bacteria. Aunque las enfermedades bacterianas varían su severidad entre una temporada y otra, dependiendo de las condiciones climáticas, el control debiera hacerse desde el primer año de crecimiento y continuar año tras año.

Para esta enfermedad se pueden realizar aplicaciones de bactericidas, como los productos cúpricos, con los cuales se realiza un control preventivo (se hacen aplicaciones repetidas). El ciclo a seguir para las aplicaciones protectoras parte cada temporada con la aplicación de pulverizaciones diluidas de caldos bórdeles, cobre fijado, quelato de cobre o estreptomicina antes de la caída de hoja, con una periodicidad de cada 15 días en los meses de otoño y una vez por mes en los meses de invierno. También deben realizarse aplicaciones luego de cada lluvia.

Las estrategia de la agricultura orgánica para enfrentar este problema es realizar manejos culturales, como evitar producir en zonas marginales (con exceso de heladas o lugares mal drenados), usar material sano de propagación y aplicar un bactericida natural estreptomicina (antibiótico producido por la bacteria filiforme, denominada Streptomyces griseus, que se encuentra en el suelo). Respecto de este último punto, se debe mencionar que hay razas de Pseudomonas siringae resistentes, por lo que se recomienda no realizar más de dos pulverizaciones con estreptomicina por temporada.

Calibración de equipos

El control fitosanitario de los cultivos supone realizar una serie de técnicas de aplicación de productos que impliquen una correcta distribución en la zona deseada para controlar algún agente nocivo para el cultivo. Por ello, es imprescindible disponer de una maquinaria adecuada, de forma que se consigan altas efectividades y rendimientos en la aplicación del producto elegido. Además, su mal uso puede generar efectos no deseados al medio ambiente y poner en riesgo la salud de los trabajadores y consumidores.

El personal aplicador de agroquímicos debe utilizar los elementos de protección acordes al producto que se está aplicando.

Los equipos usados para la realización de tratamientos fitosanitarios se clasifican en tres grupos según el producto que se aplique:

a) Espolvoreadores: utilizados para formulados en polvo (sólidos). Requieren una corriente de aire.

b) Pulverizadores: para aplicación de productos en estado líquido.

c) Fumigadores: para la aplicación de productos gaseosos.

La pulverización tiene como objetivo depositar las gotas con el producto fitosanitario de forma que cubran estratégicamente los puntos de infección, ya sean potenciales o establecidos, de manera que puedan ejercer su acción protectora o curativa.

La calibración de las maquinarias agrícolas es muy relevante para el futuro éxito de la labor a realizar. En el caso de una máquina pulverizadora, realizar una adecuada regulación permitirá lograr una efectiva y correcta aplicación del fitosanitario.

Para que un pulverizador esté correctamente calibrado, el tipo y diámetro de boquilla, la presión de trabajo y la velocidad de avance, control de revoluciones por minuto, distribución de agua a aplicar, deben ser las apropiadas a las condiciones de trabajo. Por ello, se debe considerar las siguientes indicaciones: cerciorarse que todas las boquillas y filtros sean uniformes; y limpiar boquillas obstruidas y eliminar las dañadas; entre otras.

Si el volumen gastado se encuentra bajo el volumen requerido, se debe proceder a cambiar las boquillas por unas de mayor diámetro, aumentar la presión y/o disminuir la marcha del equipo. Si el volumen descargado supera el deseado se procede en forma inversa.

Antes de una aplicación con un producto fitosanitario se debe comprobar que el pulverizador, incluyendo los filtros, haya sido limpiado después del último tratamiento.

Respecto al momento de la aplicación se debe considerar las condiciones climáticas, ya que la velocidad del viento puede dificultar la aplicación del producto y ocasionar arrastre del líquido (deriva), disminuyendo el rendimiento de la aplicación. Por ello se recomienda realizar este tipo de manejos en las mañanas.


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