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¿pH y ácidos grasos volátiles en el rumen?

El pH por sí solo es uno de los parámetros más importantes para determinar el buen funcionamiento del rumen y por lo tanto del sistema digestivo de la vaca.

Martes, 09 de abril de 2013 a las 8:30
Einar Vargas
Einar Vargas

La fermentación anaerobia (ausencia de oxígeno) de alimento en el rumen produce ácidos grasos volátiles (AGV) y ácido láctico. Cuando estos ácidos se acumulan en el rumen, el pH ruminal se ve reducido si no existen las condiciones que puedan amortiguar ese pH ácido. Si el rumen tiene un pH ácido por periodos prolongados, esto se verá reflejado en el consumo diario de alimento además de afectar la microflora ruminal y por consiguiente afectar la degradación normal de los alimentos.

Problemas relacionados con un pH ruminal bajo

Un bajo pH ruminal puede traer como consecuencia inflamación, diarreas, laminitis e incluso una reducción en el contenido de grasa láctea. A pesar de que no se ha caracterizado bien el por qué de estos efectos, es bien reconocido que vacas altas productoras alimentadas con raciones ricas en alimentos con almidón y carbohidratos altamente degradables llegan a presentar acidosis ruminal, aunque cabras y ovejas son susceptibles a ser afectados también por un bajo pH ruminal.

La acidosis ruminal sub clínica puede provocar aumentos en la temperatura corporal de vacas altas productoras, esto puede afectar entre un 10 a un 40% del rebaño alimentado con alimentos de fácil degradación lo cual resulta en pérdidas económicas cuantiosas además del prejuicio del bienestar animal.

Regulación del pH ruminal

La fermentación por microorganismos ruminales produce AGV y ácido láctico que bajan el pH ruminal, para prevenir ésta condición es recomendable remover estos ácidos del rumen o amortiguar su concentración. Los AGV son normalmente absorbidos por las paredes del rumen y pueden ser amortiguados mediante carbonatos, bicarbonatos y fosfatos presentes en la saliva del rumiante o por inclusión de estos “buffers” en la dieta. Dietas con alto contenido de grano van a provocar la caída del pH ruminal mientras que dietas ricas en forraje resultarán en un pH ruminal alcalino (Tabla 1).

pH ruminal y el tipo de dieta

Las bacterias fibrolíticas (especializadas en degradación de pared celular) son intolerantes a un bajo pH ruminal por lo que la digestión de fibra en el rumen se ve reducida significativamente así como la absorción de nutrientes en el intestino delgado. Dietas altas en carbohidratos altamente fermentables en rumen, provocan una producción muy grande de AGV que no pueden llegar a ser amortiguados por la presencia de bicarbonatos presentes en la saliva. El riesgo de desarrollar acidosis en vacas lecheras va a depender de la relación forraje:concentrado en la ración.

El pH por lo tanto se ve afectado por el tipo de dieta (sustrato de degradación) y a su vez también puede o no favorecer a la presencia de determinadas poblaciones bacterianas dentro del rumen. El pH ruminal sufre fluctuaciones también a través de las horas después de haber ingerido el alimento. Esas variaciones de pH son amortiguadas o estabilizadas constantemente mediante el las bacteria ruminales que tratan de mantener un balance aunque no siempre es tan efectivo y por lo tanto se debe tener cuidado especial en la elaboración y balanceo de las dietas de vacas altas productoras.

pH ruminal y producción de ácidos grasos volátiles

Los ácidos grasos volátiles son de una gran importancia para la vaca ya que son una fuente de energía. Los diferentes AGV que se forman en el rumen van a estar en diferentes cantidades, esto va a depender del tipo de dieta consumida y poblaciones bacterianas. Cada AGV va a tener diferentes destinos en el metabolismo de la vaca y es por esto que se hace interesante su estudio de forma individual. Por ejemplo, el ácido propiónico cobra importancia debido a que éste es un sustrato para la gluconeogénesis (formación de glucosa) y también es la principal fuente de glucosa (energía) del rumiante.

Los cambios en la cantidad de AGV se ven reflejados en la producción y composición de la leche. Por ejemplo, en un experimento (Orskov et el., 1969) en vacas altas productoras se realizaron dos infusiones ruminales distintas, una con ácido acético y la otra con ácido propiónico. Los investigadores observaron que las vacas tratadas con ácido propiónico depositaron más energía en tejidos, mientras que el contenido de grasa láctea se vio incrementado con la infusión de ácido acético. El ácido acético también incrementó ácidos grasos saturados (en la actualidad son vistos como negativos para la salud humana y ácidos: obesidad) y ácido monoinsaturados (con efectos positivos para la salud humana: prevención de enfermedades cardiacas). En palabras más simple, el ácido acético participa en la formación de grasa láctea (lipogénesis) y el ácido propiónico en la formación de glucosa (gluconeogénico).

El aporte de ingredientes que aumenten nutrientes lipogénicos y gluconeogénicos está también asociado al balance energético del animal en el 1er tercio de la lactancia, por lo tanto su presencia puede prevenir problemas por hipocalcemia, hígado graso, cetosis entre otros problemas metabólicos. También estos nutrientes están relacionados con las emisiones de metano, las cuales en la última década han recibido mucha atención por ser un gas con “Efecto Invernadero” y su asociación casi directa con el “Calentamiento Global”.

Está claro que el pH ruminal es muy importante y mantenerlo es una tarea diaria que permite a la vaca producir leche sin ningún problema además de conservar la concentración de sólidos totales en niveles deseados. La inclusión de bicarbonato en la dieta de vacas lecheras puede ser de gran utilidad, sin embargo antes de incluirlo se deben de tomar en cuenta factores como tipo de dieta, tipo de producción (intensivo o pastoreo) entre otras variables. Por otro lado, las proporciones de AGV en rumen van a ser el reflejo del tipo de dieta que se le ofrezca a la vaca lechera. Estos AGV tienen una participación muy importante en la formación de ácidos grasos lácteos que pueden o no ser beneficiosos para la salud humana.


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