Cada cierto tiempo todos los países deberían realizar una actualización estratégica, pero en especial cuando el deterioro del contexto obliga a replantearse la forma de enfrentar nuevas amenazas y oportunidades. Japón ofrece un ejemplo.
Hace justo 10 años, el entonces Primer Ministro, Shinzo Abe, difundía la estrategia del Indo-Pacífico Libre y Abierto (FOIP, por sus siglas en inglés), que reivindicaba el valor de las normas internacionales —incluido el respeto de la libertad de navegación—, la apertura económica y las alianzas con países afines en este inmenso espacio que une dos océanos.
Hoy su sucesora, Sanae Takaichi, es la encargada de optimizar el FOIP que, sumado a reformas militares y de inteligencia, busca lidiar con el entorno más peligroso desde 1945, donde concurren una China más asertiva en materia territorial, una Rusia invasora, una Corea del Norte nuclear —sus tres vecinos— y un Estados Unidos cada vez más distante.
FOIP 2.0: La Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) adquiere hoy una mayor prioridad, por lo cual se orientan esfuerzos para atraerla. Los tres pilares del FOIP actualizado son: mejorar la infraestructura digital y energética de la ASEAN para aumentar la resiliencia regional, asignando fondos necesarios; promover el crecimiento en el Indo-Pacífico a través de esquemas público-privados —ampliar el CPTPP es clave—; y, por último, expandir la asistencia en seguridad y desarrollo de forma que se retroalimenten, como será la construcción de puertos y aeropuertos en las naciones insulares del Pacífico Sur y la provisión de sistemas de vigilancia marítima para proteger recursos y frenar actividades ilegales.
EXPORTACIÓN DE ARMAS: Junto con proseguir empoderando a las Fuerzas Armadas japonesas mediante capacidades de contraataque basadas en misiles crucero y portaaviones livianos, en abril se levantó la prohibición para exportar armas letales, un cambio geopolítico mayúsculo en el Indo-Pacífico.
Un ejemplo de lo anterior es la firma de un acuerdo de US$ 6.500 millones entre Australia y Japón para la entrega de tres fragatas clase Mogami. Otras ocho más se construirán en un astillero australiano. Nueva Zelanda también habría mostrado interés por este buque.
De configurarse el triángulo, Tokio se convertiría en un socio estratégico de estos países, una potencia en la industria de defensa y un factor determinante en las estructuras de poder en la región. Mayor colaboración e interoperabilidad también vendrían aparejadas.
REFORMA EN INTELIGENCIA: Como la adquisición de capacidades de defensa y su exportación a terceros se neutraliza sin una evaluación certera del panorama de seguridad, se imponía una reforma al sistema de inteligencia.
El gobierno de Takaichi propuso la creación de un Consejo Nacional de Inteligencia, que será presidido por el Primer Ministro, y una Oficina Nacional de Inteligencia actuará como su secretaría. Mientras el Consejo desarrollará una estrategia sectorial, la oficina coordinará la recopilación y el análisis de los ministerios. Luego, en 2027 se creará un servicio de inteligencia exterior.
La centralización y el aumento del nivel político de la función de inteligencia buscan, sobre todo, mejorar las perspectivas de la seguridad nacional de Japón, contrarrestar las operaciones de influencia de potencias extranjeras y prevenir actos terroristas.
SEÑALES: Dado que Japón es nuestro socio más profundo en Asia —pues no solo nos une el comercio, sino ser democracias marítimas con visiones similares sobre la seguridad y el orden internacional—, su reorientación estratégica resulta de enorme interés.
El FOIP está en sintonía con los intereses de Chile (ASEAN incluida), tanto en su vocación por las normas y la apertura económica como en la necesidad de contar con infraestructura digital de calidad y confiable. Veremos si el gobierno de José Antonio Kast tiene la lucidez de adoptar el concepto de Indo-Pacífico, como ya lo han hecho la mayoría de los países afines, desde Canadá hasta los 27 de la Unión Europea.
La posibilidad de adquirir equipo bélico de Japón, de primera o segunda mano, también abre una oportunidad. Incluso sería interesante avizorar la posibilidad de sumarse al club de Tokio, Canberra y Wellington en torno a las fragatas Mogami (el financiamiento tendrá la última palabra).
Si bien se acaba de aprobar la ley de inteligencia local, Japón va un paso más allá: al crear una estructura del más alto nivel, nos da cuenta de que la seguridad nacional no solo requiere medios para defender el Estado, sino también claridad sobre el entorno y, más importante, inteligencia para guiar la toma de decisiones de su liderazgo en un mundo más desafiante.
Juan Pablo Toro
Senior research fellow AthenaLab