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Editorial
Sábado 25 de mayo de 2013
El arribo de la desaceleración
Por casi tres años nuestra economía ha mostrado un notable desempeño, que incluso llevó a algunos expertos a hablar de sobrecalentamiento. Las recientes cifras de un menor crecimiento económico -aunque todavía muy positivo en el contexto mundial- deben tranquilizar a dichas voces...
Esta semana el Banco Central dio a conocer las cifras de las Cuentas Nacionales para el primer trimestre de 2013. En lo esencial, y como lo han venido planteando el presidente de aquel y el ministro de Hacienda, esas cifras confirman que nuestra economía está experimentando una lenta pero incipiente desaceleración.
Entre enero y marzo de 2013, el producto del país creció 4,1% real, el menor avance desde el tercer trimestre de 2011, cuando el crecimiento fue de 3,2%. La cifra se suma al Imacec de marzo, que arrojó un crecimiento de solo 3,1%, muy por debajo de las expectativas de 4,8% a que apostaba el mercado. Esto viene a confirmar que el país seguirá creciendo, pero a un ritmo menor que el observado en los años anteriores.
Al analizar los determinantes del crecimiento de nuestra economía, se observa que ella sigue fuertemente influida por la expansión de la demanda interna, que alcanzó a 6,8% en los tres primeros meses de 2013. Por otra parte, los retrocesos de la producción en el sector pesquero (-9,4%) y agropecuario-silvícola (-1,8%), si bien son puntuales, confirman los efectos negativos de las interrupciones de las labores productivas, como las paralizaciones de los trabajadores portuarios. El impacto de estos eventos ya había sido registrado por el Imacec de marzo y se espera que también influya en el de abril, ya que las paralizaciones se extendieron hasta dicho mes.
La incertidumbre del clima electoral crecientemente polarizado -que puede explicar el ajuste a la baja en las tasas de inversión evidenciadas por el Banco Central- y la inestabilidad de la real salud de las economías de China y Europa son también factores que han influido en el menor crecimiento del producto.
En este contexto, sorprende que, por primera vez desde septiembre de 2012, el mercado haya ajustado a la baja las expectativas de crecimiento. Los datos recopilados por Consensus Forecast, que agrupa las estimaciones de crecimiento de los principales bancos de inversión del país, arrojó una leve caída, de 5,1 a 5% entre abril y mayo. La misma fuente predice un crecimiento para 2014 de 4,8%, cifra coherente con el rango de 4,5 y 5,5% considerada por el Banco Central en sus análisis y con el 5% planteado recientemente por el ministro Larraín. Así, todo sugiere que el crecimiento de nuestro país estará por debajo del 5,6% alcanzado en 2012.
Respecto de las cifras de inflación, y a la espera de la nueva metodología del INE, las proyecciones del mercado siguen a la baja, desde 2,9% en abril a 2,4% en mayo, por debajo del rango meta del instituto emisor. Esto se ha visto influido por el descenso del precio de los combustibles, lo que explica que la inflación acumulada en 12 meses sea del 1%.
El déficit en cuenta corriente
Otra cifra que ha estado en la discusión técnica entre los expertos es el déficit en cuenta corriente. Según el Banco Central, en el primer trimestre de 2013 continuó creciendo, alcanzando a 4% del producto (acumulado en 12 meses). Un análisis histórico de la serie indica que la última vez que el país experimentó un déficit superior al 4% del PIB fue en 1998, antesala de la crisis asiática.
¿Es bueno o malo un déficit en cuenta corriente de tal magnitud? Como suele suceder en economía, la respuesta depende del contexto. Formalmente, un déficit en cuenta corriente refleja una acumulación de las obligaciones de un país frente al mundo, aumentando los riesgos de ser afectado por shocks externos que limiten sus fuentes externas de recursos. La historia abunda en casos como estos. Adicionalmente, el déficit resta grados de libertad a la autoridad monetaria, obligándola a ser más cuidadosa al evaluar cambios en la tasa rectora de la economía.
Sin embargo, distintos factores hacen pensar que la posición de Chile en esta materia no es de extrema vulnerabilidad. El país tiene una política cambiaria flexible, está abierto al mundo, posee un sector financiero desarrollado y políticas fiscales y monetarias serias. Estos factores institucionales aminoran los riesgos asociados a un déficit persistente.
La composición de nuestro saldo en cuenta corriente también contribuye a mitigar potenciales riesgos. La situación actual se explica por un importante ingreso de inversiones, particularmente por inversión extranjera directa (34.181 millones de dólares en los últimos 12 meses), y no por una caída en el ahorro. Así, mientras la inversión alcanzó el 20,3% del producto en 2009, hoy supera el 25,7% (acumulado 12 meses). Durante el mismo período, la tasa de ahorro pasó de 20,3 a 21,7%. Finalmente, nuestra posición de acreedor neto del resto del mundo (la posición de inversión internacional neta alcanza el 17% del producto) hace anticipar que Chile puede navegar sin graves problemas ante una eventual situación externa compleja.
En el cuadro actual, el riesgo del déficit en cuenta corriente parece, pues, acotado. Sin embargo, no podemos descuidarnos. Las crisis económicas no avisan, llegan rápido y se van lentamente. Siendo así, es de esperar que las inversiones ingresadas a nuestro país estén modernizando nuestra matriz productiva, fomentando la diversificación de exportaciones y generando ventajas comparativas. Solo esto permitirá asegurar que estos capitales tengan en último término una productividad marginal más elevada que los intereses que cobran los acreedores externos.