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Editorial
Jueves 23 de mayo de 2013
La OEA se margina de la aspiración marítima boliviana
Este es un asunto estrictamente bilateral, ajeno a la competencia de la OEA y demás organismos internacionales. A esto se agrega que la demanda boliviana (...) impide a Bolivia recurrir a otros foros e intentar negociaciones directas...
Por primera vez desde 1979 -esto es, 34 años-, la reclamación marítima boliviana contra Chile no será tratada en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. El amplio apoyo obtenido por la diplomacia chilena para excluir la recurrente petición vecina forzó a la Cancillería boliviana a retirar su solicitud. Bolivia prefirió no exponerse al rechazo de la inclusión, evitando la votación del Consejo Permanente de la OEA en la sesión preparatoria de su Asamblea, que se celebrará en Guatemala, entre el 4 y 6 de junio entrante. Así, otra vez ha fracasado el intento boliviano de distorsionar la jurisdicción internacional y extenderla indebidamente a asuntos bilaterales y resueltos por tratados internacionales válidamente celebrados y en plena vigencia.
Previamente a estos acontecimientos, el Presidente Evo Morales había criticado de modo reiterado e infundado a la OEA por falta de resultados en el apoyo que le solicitara en su reclamación en contra de Chile. La falta de respaldo y la persistencia en el tema marítimo seguramente serán representadas por la delegación de Bolivia en la Asamblea de Guatemala, con la conocida retórica que merecerá la correspondiente respuesta de la delegación chilena.
En todos los foros, Chile ha sostenido fundada y sistemáticamente que la aspiración marítima boliviana es un asunto estrictamente bilateral, ajeno a la competencia de la OEA y demás organismos internacionales.
A la permanente posición chilena, se agrega el hecho de que la demanda boliviana presentada el 24 de abril de este año ante la Corte Internacional de Justicia impide a Bolivia recurrir a otros foros e intentar negociaciones directas, buenos oficios, mediaciones y otros mecanismos de solución pacífica, antes de que se concluya el procedimiento ventilado en la Corte de La Haya. Así lo reconocen el estatuto de la Corte y la Carta de la OEA.
Parecería que a Bolivia le fuera indiferente experimentar los costos de sus erráticas incursiones en las instancias internacionales y de sus contradictorias acciones diplomáticas. Este comportamiento se explica por el inveterado uso de su política exterior y de las relaciones con Chile como un instrumento de política interna, coincidente esta vez con la campaña electoral del Presidente Morales para su tercer período en el mando desde que fue elegido en 2005, y con una huelga de la Central Obrera Boliviana que se arrastra por más de dos semanas.
La exclusión del tema marítimo afianza la posición chilena, abre a nuestro país mayores espacios para participar en la Asamblea de la OEA, facilita concentrar los esfuerzos nacionales en la defensa ante la demanda de Bolivia en La Haya, y elimina un asunto controvertido y entorpecedor de otros de verdadero interés hemisférico.