El tema de los letreros lo destacó Konrad Lorenz en 1973, año en que obtuvo el Premio Nobel de Medicina. Muchos científicos se sorprendieron porque era un experto en la conducta animal. Pero el sabio austriaco publicó el libro "Los ocho pecados capitales de la humanidad civilizada", en el cual demuestra el interés en su propia especie.
La invasión de letreros es uno de tales pecados, el más inesperado. Amante de la naturaleza, Lorenz se indignó al advertir que apenas construida una carretera instalaban estructuras publicitarias en los puntos de mejor vista. Si el hombre eleva su espíritu en la contemplación del mundo natural, tal experiencia se estaba volviendo imposible.
Se observó lo mismo en las ciudades. En los barrios importantes, cerca de las mejores obras de arquitectura, en las plazas más concurridas, ahí se concentraban los letreros.
No se trata de pagar un derecho, porque hay algunos que, por tamaño, contaminan por completo el paisaje urbano. Es curioso que se favorezca a los políticos con una licencia para invadir la ciudad, periódicamente, con sus gigantescas caras retocadas.
Es una tradición permisiva. Se entendía que era un fenómeno de corta duración, un costo de la democracia, pero, como el que golpea primero golpea dos veces, cada vez se adelanta más su instalación, a veces con el resquicio de no "inducir" directamente a votar.
Además, la publicidad anterior a la fecha legal no se registra para determinar la inversión publicitaria de una campaña, lo que también favorece al que golpea primero e -injustamente- a los de mejor caja. Las primarias tampoco están consideradas en este aspecto.
La ley de propaganda electoral se olvidó, en cuanto prohíbe instalarla "en los componentes y equipamiento urbanos, tales como calzadas, aceras, puentes, parques, postes, fuentes, estatuas, jardineras, escaños, semáforos y quioscos. Tampoco podrá realizarse propaganda mediante elementos que cuelguen sobre la calzada o que se adhieran de cualquier modo al tendido eléctrico, telefónico, de televisión u otros de similar naturaleza".
El caos visual es de los que golpean de inmediato al entrar a una ciudad. Para qué decir cuando los candidatos invaden con sus "palomas" publicitarias el espacio de las ciclovías o los bandejones centrales, obstruyendo la visual de los conductores.
En las ciudades donde se fiscaliza y la primera multa es fuerte, y la segunda muy fuerte, las fachadas arquitectónicas y los árboles de las plazas nunca desaparecen; reaccionaron ante las denuncias de Lorenz y otros. En España no; abiertamente, en el Código de Conducta publicitaria se exceptúa la política.
Acá los custodios son juzgados de Policía Local, junto a Carabineros. Ellos deben enfrentar las ilegalidades y los municipios retirar los materiales. La Comisión Nacional de Seguridad del Tránsito, por su parte, invita a denunciar todo cuanto afecte la conducción.
En cada periodo eleccionario sucede lo mismo, por lo que se aplica una aguda frase de Konrad Lorenz sobre el comportamiento humano: "Se dijo, pero no se escuchó. Se escuchó, pero no se entendió. Se entendió, pero no se aceptó. Se aceptó, pero no se llevó a la práctica. Se llevó a la práctica, pero ¿por cuánto tiempo?".
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