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Editorial
Sábado 18 de mayo de 2013
Chile desde afuera: inversiones y desarrollo
Sin apostar a cambios en nuestra estructura productiva y en la apertura a nuevos mercados, el país verá limitadas las posibilidades de perpetuar su exitoso modelo de desarrollo...
El reciente informe de la Cepal sobre la situación de la inversión extranjera directa (IED) en América Latina y el Caribe nuevamente ha mostrado el notable dinamismo de nuestro país en esta materia. En los últimos seis años, Chile ha visto casi cuadruplicados los montos de IED que recibe, alcanzando en 2012 la cifra récord de 30.323 millones de dólares, lo que equivale al 11,3% del PIB. Esa cifra representa un aumento de 32% respecto de 2011, muy superior al promedio del Cono Sur (12%), de América Latina y el Caribe en su conjunto (3%), y del planeta, en el que los flujos de inversión hacia los países cayeron en 13%.
Así, Chile se ha transformado en el segundo destino de las inversiones en la región, solo superado por Brasil, que recibió el año pasado IED por 65.202 millones de dólares, 45% del total en América del Sur. Colombia, México y Perú -nuestros más cercanos competidores- nos miran desde lejos, habiendo recibido en 2012 inversiones cercanas al 50% de las arribadas a nuestro país.
El informe de Cepal también ilustra los avances de las empresas chilenas en su proceso de internacionalización. Durante 2012, ellas invirtieron 21.090 millones de dólares en el exterior. Esto representa un aumento de casi 10 veces desde 2006, cuando la cifra alcanzó 2.221 millones, y muestra el gran protagonismo logrado por nuestras empresas en el contexto regional. Los casos de la fusión de la aerolínea LAN con la brasileña TAM, la compra de Carrefour Colombia y la adquisición en esta de los activos de Santander por parte de Corpbanca son claros ejemplos. El mejor clima de negocios que vive no solo Chile, sino también la región, que se ha beneficiado de las excelentes condiciones en el mercado de commodities , explica gran parte de este dinamismo. Con todo, la cifra de inversión de empresas chilenas en el exterior marca otro récord histórico para el país, siendo superado en la región solo por las actividades de firmas mexicanas (25.597 millones).
Pero el análisis del informe también ilustra los problemas con los que debe lidiar nuestro país. Al analizar las cifras de IED en detalle, es evidente que en ellas predominan los recursos naturales. De hecho, este sector atrae el 50% de las IED. Esta alta concentración muestra las dificultades que Chile ha enfrentado para desarrollar y ampliar su producción en forma competitiva. Por ejemplo, es preocupante que la entrada de inversiones no haya significado un mayor dinamismo en el sector manufacturero, lo que sí ocurrió en Brasil. En este contexto, y como lo plantea la Cepal en su informe, es cada vez más necesario aprovechar las ventajas que presenta la región como destino de la IED para diversificar su matriz productiva.
Por otra parte, y sin perjuicio del positivo proceso de internacionalización de las empresas nacionales de nuestra región, su expansión a otros continentes es aún limitada. Nuestros negocios deben aprovechar las posibilidades de un mercado globalizado deprimido, ingresando a mercados hoy baratos y aún no explorados por capitales chilenos.
El alto dinamismo de las inversiones desde y hacia Chile le ha brindado la oportunidad de explotar las bases del sistema económico que ha probado generar prosperidad y bienestar. Pero sin apostar a cambios en nuestra estructura productiva y en la apertura a nuevos mercados, el país verá limitadas las posibilidades de perpetuar su exitoso modelo de desarrollo.
Desigualdad y progreso
Otro tema acremente reiterado en el debate público es el de la desigualdad. El reciente informe de la OCDE entrega luces respecto de los avances que ha realizado nuestro país en esta materia -que no suelen ser advertidos-. El texto plantea que, por el fuerte impulso del crecimiento económico y por la complicada situación en Europa, Chile acortó la desigualdad frente a los otros países miembros de la organización. Desde el comienzo de la crisis subprime , se ha posicionado como uno de aquellos que han mostrado la mayor alza en el ingreso promedio de los hogares entre los 34 estados miembros. En particular, mientras en Chile el alza en los ingresos de mercado -que incluyen las entradas de capitales o rendimientos de inversiones y trabajo- creció en 3% entre 2006 y 2011, en la OCDE retrocedió 0,4%. En España, por ejemplo, la contracción alcanzó 3%, lo que se ha traducido en un aumento en la brecha entre los ingresos del 10% más rico y el 10% más pobre, alcanzando 13,1 veces.Si bien Chile aún se encuentra entre las naciones más desiguales de la OCDE -nuestro coeficiente Gini es superior a 0,5, mientras en la OCDE es cercano al 0,31-, el crecimiento económico ha permitido mejorar los niveles de vida de toda la población. Adicionalmente, en el contexto regional nuestros niveles de desigualdad no son particularmente altos.Sin duda es necesario avanzar hacia una sociedad con mayor movilidad social, menor pobreza y mayor igualdad. Pero el reto es cómo hacerlo en forma responsable, con políticas serias que prioricen los incentivos para emplearse, capacitarse y educarse. Disminuir la desigualdad en forma permanente no pasa por una reforma tributaria, ni necesariamente por mayores recursos.Las presiones sociales y la impaciencia de la clase política pueden precipitar la emergencia de políticas sociales ineficientes, caras e ineficaces. En este contexto, es necesario ajustar las expectativas de la población. Si bien Chile parece padecer de enfermedades de países ricos, aún no lo somos. El desafío en materia de desigualdad es diseñar políticas públicas que corrijan los problemas, no que los perpetúen. La línea entre lo uno y lo otro es más delgada que cuanto parece.