"Cristina Kirchner consiguió una magra victoria parlamentaria y una derrota política y social. Su 'reforma judicial' podrá ser legal en términos parlamentarios (no constitucionales), pero es ilegítima según los imprescindibles ritos democráticos. Esa reforma ya le había costado una seria advertencia de la Corte Suprema de Justicia: sus jueces estaban dispuestos a llegar hasta la renuncia en bloque del tribunal si éste desaparecía como cabeza de un poder del Estado. No desapareció, pero los cambios de último momento no conformaron a los más altos magistrados del país. La judicialización de la reforma cristinista de la Justicia comenzará dentro de pocos días y llevará la batalla parlamentaria al territorio de los jueces".
"La reforma significa, lisa y llanamente, la destitución de la Justicia como un poder independiente dentro del Estado. Si atravesara los filtros judiciales inminentes, esos cambios introducirán una modificación fundamental en el orden político. El autoritarismo prevalecerá sobre el acuerdo; el ciudadano quedará sometido a la arbitraria persecución del Estado, y el gobierno político contará con los jueces para premiar a los amigos y castigar a los enemigos. La democracia argentina, tal como se la conoció desde 1983, habrá desaparecido".
"La oposición política hizo su contribución a la supuesta legalidad de las decisiones de la Cámara de Diputados. Abandonó el recinto cuando estaba en discusión el voto de dos diputados sobre el clave artículo 2 de la ley del Consejo de la Magistratura. Es el artículo que reglamenta su integración y que establece el voto popular para la elección de los consejeros, claramente inconstitucional. El artículo había perdido la votación por dos votos. Dos diputados dijeron luego que sus votos no habían sido registrados. Después de una batahola digna de un final de ópera, la oposición se retiró. El oficialismo tuvo luego la oportunidad de volver a votar ese artículo con el acuerdo de los dos tercios necesarios del cuerpo, mayoría inalcanzable para el cristinismo que la oposición permitió con su ausencia".
"La oposición puede reclamar ahora lo que se llama la 'sábana' gráfica de la votación. Es el papel que registra con exactitud los votos afirmativos, los negativos y las abstenciones. Es probable que aquellos dos diputados no hayan votado en la primera vuelta, convencidos de que el artículo sería aprobado sin ellos".
"Pero, ¿es legítimo hablar de una reforma radical del sistema judicial en semejantes condiciones de precariedad o en un contexto de tantos agravios a las leyes y los reglamentos? El gobierno llegó con la lengua afuera a una votación que venía anunciando ampliamente victoriosa. Una manifestación de ciudadanos comunes se había reunido en la plaza del Congreso. Fue minoritaria si se la mide con la vara de los últimos cacerolazos, pero sería una medición injusta. Lo cierto es que no hubo antes una manifestación voluntaria con ese número de personas por ninguna otra ley. Una ley que se refería, en este caso, a un concepto que podría parecer abstracto, como es el de la independencia de la Justicia. Un amplio sector de la sociedad parece haber reducido el conflicto a una opción: autoritarismo o Poder Judicial".
Joaquín Morales Solá
Estos son extractos de la columna publicada en el diario La Nación.