La defensa de Darío Franco en el arranque del año fue fácil. El técnico encargado de encabezar la transición tras la partida de Sampaoli no dispuso de los seleccionados -adultos y juveniles-, y la lista de lesionados impidió que conformara un equipo estable en los inicios del torneo y la Libertadores.
Pero, con el correr de las semanas, quedó claro que el cordobés aún no tiene certeza de la estrategia que elegirá ni de los encargados de ejecutarla. Y el problema mayor en la derrota frente a Olimpia no fue recurrir a los juveniles (de hecho Lichnowsky y Martínez salvaron del naufragio general), sino exagerar la improvisación para paliar la ausencia de Charles Aránguiz.
Pocos días después del fallido experimento, lanzó a la cancha para enfrentar a Huachipato a los tres marginados frente a Olimpia: Fernández, Marino y Lorenzetti, desorientando aún más a los que queremos seguirle la línea técnica.
Porque el pecado es que tras casi veinte partidos nadie sabe -ni los hinchas ni el plantel- cuál es el esquema que más le gusta. Para un equipo que venía de una férrea convicción de juego, esa realidad puede resultar más dolorosa aún que la virtual eliminación en la Copa. Los dirigentes jamás anunciaron que este sería un proceso de transición, por más que ahora se aferren a ese argumento para explicar el por qué, por segundo año consecutivo, no se resolvió el problema más urgente del plantel azul: la falta de un referente de área.
Las urgencias de un equipo que se acostumbró a ganar en 2011 y que fue protagonista el año pasado no son tan extremas como las de sus principales adversarios, pero contrastan con la claridad conceptual del "Coto" Sierra, por ejemplo, que tuvo las convicciones necesarias para recomponer un plantel arrasado tras perder la final contra Huachipato y acertar en las claves exactas.
La referencia no es casual. Franco se jugará contra los rojos el paso en la Copa Chile y deberá alcanzarlos si quiere levantar la copa del torneo nacional. ¿Será capaz de encontrar las claves perdidas en el breve plazo del que dispone? Si no lo hace, las convicciones de un directorio que siempre está dispuesto al debate -lo demostró Heller en el entretiempo del partido contra Olimpia cuestionando a los refuerzos- serán puestas a prueba. Si verdaderamente este es un "proceso" de transición o si las mieles del éxito los obligan a buscar un técnico con convicciones más claras y temperamento más duro para encarar el segundo semestre que ya vive una amenaza: sus propios dirigentes asumen que el éxodo seguirá y que puede aumentar la sensación de desguace del equipo que cambió para siempre la historia azul.