Las tensiones en Corea, desencadenadas por el lunático líder comunista de Corea del Norte, Kim Jong-un, son preocupantes y no indiferentes para Chile. Miles de trabajadores chilenos dependen de la estabilidad en esa zona.
Kim Jong-un es peor que su padre y su abuelo: amenaza con declarar la guerra a Corea del Sur, tercera economía asiática, importante socio de Chile y nuestro cuarto mercado de exportaciones. Allí exportamos más que a nuestros tres vecinos juntos, más que a cualquier país europeo y de América, salvo Estados Unidos, y solo menos que a China y Japón, también en la zona amenazada.
En cambio, las relaciones entre Chile y Corea del Norte son anecdóticas, aunque no así las del Partido Comunista chileno. Hace un año, Guillermo Teillier y su directiva enviaron sus sentidas condolencias a Kim Jong-un "por el fallecimiento de su padre, compañero Kim Jong Il", expresando "su confianza en que continuará su lucha por construir una próspera sociedad socialista" .
En Corea del Norte solo tuvimos misión diplomática durante la administración del Presidente Allende. El gobierno militar cortó esos vínculos y los restableció la Concertación, a instancias de los comunistas criollos. No hay registro de que desde entonces algún diplomático chileno presentara credenciales al compañero Kim. Sí hay constancia de que la Concertación invitó a diplomáticos de Corea comunista a las sucesivas transmisiones del mando presidencial.
Desde la dinastía Kim y su ominoso régimen comunista, su pueblo ha sido condenado a la hambruna, a la opresión y a no poder salir del país. Al otro lado de la frontera, Corea del Sur prospera, en un sistema opuesto al socialismo, con libertades económicas y políticas y una renta per cápita 15 veces superior. Se repite lo ocurrido en la que fuera República comunista y engañosamente Democrática Alemana, formadora -y nostalgia- de algunos políticos chilenos que pretenden volver a gobernarnos.
El Kim de turno podrá ser un payaso, chantajista y lunático, pero igualmente provoca enormes tensiones con sus anuncios, sus misiles y la reactivación de su programa nuclear. Estados Unidos ha tomado en serio las amenazas: desplegó sus aviones, submarinos y buques con capacidades de destrucción masiva. A su vez, China presiona para la desnuclearización, y Japón y Corea del Sur adoptan medidas preventivas, aunque sus pueblos no dan señales de alarma. Se sabe que Corea del Norte aún no tiene poder nuclear de envergadura, y que sus misiles son de alcance limitado. Pero con un comunista desesperado nunca se sabe hasta dónde se puede llegar.
La guerra es improbable y sería inútil, pero costaría un millón de vidas y desestabilizaría a una región que es motor de la debilitada economía mundial, con repercusiones inevitables para Chile.