Hugo González alentó esperanzas en la previa de Semana Santa. "El domingo ojalá resucitemos", dijo. Estuvo lejos el pronóstico, y para no entrar en el odioso comparativo con la fiesta religiosa, digamos que el partido fue todo lo contrario a lo que el técnico anhelaba. Un fiasco en la cancha, un bochorno en las tribunas. Una crisis generalizada.
Lo último que se supo de Leonidas Vial, el accionista mayoritario de Blanco y Negro, es que estaba pensando abandonar su cargo -sin vender su participación- para dejar a nuevos "representantes" en la toma de decisiones.
La información, obviamente, no ha podido ser desmentida o confirmada, sencillamente porque Leonidas Vial no habla, y su entorno tampoco. El vocero de los albos es su presidente, Carlos Tapia, quien tiene el cargo, las ganas y poco más -como todo el mundo sabe-, porque proviene del mundo de la hinchada y los socios, y no tiene capital invertido en la institución. Por lo tanto, Carlos Tapia puede estar triste, preocupado o enfurecido, pero las pérdidas no le tocan, porque acciones no tiene muchas. O sea, tiene opinión, pero no poder de decisión.
La situación es que cuando llegó la hora de definir quién comandará el necesario nuevo ciclo de los albos y con cuánto capital contará para esa tarea, no hay liderazgos fuertes que puedan golpear la mesa. Vial está en fuga, Aníbal Mosa (el hombre que más invirtió individualmente en el club) aislado y la corporación es una figura decorativa masacrada por la gestión cuestionable de sus recientes administradores, más movidos por mezquinos afanes personales que por el interés del club.
Así las cosas, resulta evidente que en su peor crisis de los últimos años, Colo Colo no tiene liderazgo claro, un requisito imprescindible para navegar en aguas turbulentas y para programar el futuro con mano firme. ¿Quién conoce a Andrés Vicuña o a José Tomás Errázuriz, los nombres que acompañan a "León" en este negocio?
El mayor problema de los albos está en la cancha, sin duda, como quedó demostrado ante Audax Italiano. Pero tal como se ha sostenido desde hace rato, su futuro se juega en las oficinas del barrio El Golf, en medio de análisis bursátiles y gente de escasa raigambre futbolera, que ni siquiera ha dejado en claro cuáles fueron las motivaciones para ingresar al mundo del fútbol. No son hinchas, no quieren figurar, no necesitan un poder que ya tienen. Si era por mero negocio, ya va siendo hora de que apliquen la única lógica que vale en cualquier rubro: liderazgo. Hasta ahora gobiernan escondidos. Y eso no es gobernar.
Nota al margen: La ANFP debe determinar las sanciones por los episodios de La Florida. De acuerdo a lo que se sabe, el directorio de ese organismo aún no llena los tres cupos vacantes que hay en la mesa. Y eso también es una vergüenza.