Baja la delincuencia
"Dos gobiernos, de coaliciones distintas, han puesto como objetivo de sus estrategias en seguridad pública reducir la victimización, medida por el mismo instrumento..."
Finalmente, después de largos años de noticias desalentadoras, parecen comenzar a asentarse positivas tendencias de disminución de la delincuencia. La Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (Enusc) es un buen instrumento de medición, porque las estadísticas policiales o de otras instituciones solo dan cuenta de los delitos que son denunciados al sistema. Por eso, hay consenso técnico en que preguntar directamente a las personas sobre su experiencia (si han sido o no víctimas de un delito) es la mejor manera de medir la intensidad de este problema en un país. En Chile, desde 2003, y en forma comparable desde 2005, por encargo del Ministerio del Interior y Seguridad Pública, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) realiza la Enusc, una encuesta de gran envergadura -más de 25 mil hogares- y presencial -de cara al encuestado-, en que se indaga sobre la victimización general, sobre delitos que haya sufrido el hogar y sobre percepciones de seguridad, entre otras materias. Su representatividad comunal y regional permite, además, mejorar la focalización de las políticas antidelictivas. Muy pocos países cuentan con este instrumento, y aún no es bien comprendido por todos los círculos, básicamente porque las diferencias en la naturaleza de las dos citadas fuentes -datos policiales y encuestas de victimización- han significado que durante varios años las tendencias de ambas estadísticas no hayan coincidido.
Ayer, el INE y luego el Gobierno entregaron los resultados de la novena encuesta: la victimización entre 2011 y 2012 disminuyó significativamente, de 31,1% a 26,3% a nivel nacional, por bajas importantes en las regiones de Valparaíso, O'Higgins, y Metropolitana, que concentran a prácticamente el 80% de la población. Además, baja el porcentaje de hogares victimizados más de una vez, y bajan también significativamente todas las categorías de delitos específicos, en especial el robo por sorpresa (de 6,2 a 4,6%), al igual que una serie de indicadores sobre la percepción de intensidad de la delincuencia.
Son noticias positivas, sobre todo porque la gran mayoría de los delitos se comete contra personas de escasos ingresos -algo que suele olvidarse-. Y aunque ciertamente subsisten múltiples y complejos retos en seguridad pública, Chile se encuentra en líneas de delantera mundial al contar con la Enusc, por una parte, y con ya dos gobiernos, de coaliciones distintas, que han puesto como objetivo de sus estrategias en seguridad pública reducir la victimización, medida por el mismo instrumento.
Naturalmente, en todos los países las cifras de delincuencia abren debate político, y así ocurrió también ayer. Hubo voces que adujeron distorsiones, pero el INE ha declarado que el cuestionario, la metodología y el procesamiento de esta encuesta son "exactamente iguales" a los de la anterior, de modo que resultan comparables. No obstante, sería importante que las autoridades políticas sean prontas y categóricas en despejar con celeridad las dudas que puedan surgir.
Son resultados satisfactorios, pero el impulso a lograr mayores reducciones en los delitos y a recuperar la confianza pública en la seguridad siempre exigirá más, y es natural. Se ha registrado un avance muy valioso, pero lo decisivo es mantener ahora el ímpetu que lo ha hecho posible. Al respecto, la autoridad puede exhibir encomiables iniciativas, efectivamente en curso pero casi desconocidas por la población (y quizá por muchos delincuentes), de algunas de las cuales se da cuenta en esta misma edición. No cabe debilitar el valor de la Enusc, que debe preservarse como un instrumento clave para la toma de decisiones y la alineación de las numerosas instituciones que intervienen en este problema. Además, urge ahora avanzar aún más en perfeccionar los procesos y la institucionalidad de las mismas, recabando y acogiendo lo más avanzado de la experiencia internacional, pues esta permitiría acelerar el ritmo de progreso en seguridad.

