Te quieren mirar el voto
"Utilizar un padrón único en las primarias no requiere modificación legal: la ley vigente ya lo permite. Basta que los partidos cierren la puerta a prácticas clientelistas y así lo decidan..."
Durante buena parte de nuestra historia democrática, las elecciones se hacían con distintas cédulas de votación para cada uno de los partidos. El votante ponía en la urna la papeleta del partido de su preferencia y conservaba las otras. Era la fórmula perfecta para la coerción y el cohecho.
En el campo, los dueños de haciendas y latifundios acostumbraban a acarrear a los inquilinos, esperarlos a la salida de los lugares de votación, y exigirles las cédulas no utilizadas. Si el inquilino había votado por el partido correcto, recibía un pago o implemente conservaba su empleo. El procedimiento se utilizaba también -aunque no tan a menudo- en zonas urbanas.
Esta práctica se terminó en junio de 1958, cuando entró en vigencia la ley de papeleta única. A partir de entonces, esta fue elaborada exclusivamente por el Registro Electoral, e impresa en papel no transparente con un sello de agua que garantizaba su autenticidad. Así se estableció un sistema que permite que tengamos un voto libre y secreto.
El 30 de junio próximo, las actuales coaliciones de gobierno y oposición efectuarán primarias nacionales y simultáneas por primera vez en la historia de Chile. Pero, inexplicablemente, la ley vigente de primarias y los partidos que las convocan podrían retrotraernos a la época del voto no secreto.
Los partidos han decidido efectuar las primarias con un padrón semiabierto. Es decir, en los comicios de un lado podrán votar los militantes de ese lado y los independientes, pero no los militantes de otros partidos o coaliciones. Dado lo anterior, el Gobierno inicialmente anunció que las elecciones se haría con dos cédulas -una para las primarias de la centroderecha, otra para las de la oposición- como método para evitar que los militantes de un sector participaran en las primarias del otro sector.
De esta manera, cualquier persona presente en la sala o local de votación podría saber por qué bloque o coalición se inclina un votante. Ello vulnera el principio del voto secreto; desincentiva la votación, pues muchas personas acaso no quieran revelar en qué contienda van a participar; discrimina contra los independientes, pues, en su caso, el secreto es especialmente importante (los militantes ya han adherido públicamente a una opción); y abre la puerta al cohecho, la extorsión, el acarreo electoral y otras prácticas impropias de un país moderno y democrático.
El Gobierno se ha comprometido a solucionar este problema, pero las propuestas que ha hecho -como entregar dos votos similares por fuera, pero distintos en su interior- no resuelven el riesgo de que el secreto del voto pueda ser violado. Bajo la fórmula planteada por el Ejecutivo, en regiones de Chile en que además se efectúen primarias parlamentarias, un votante podría recibir hasta seis cédulas al mismo tiempo, lo que invita a la confusión y el error. Cualquier que no signifique el uso de una cédula y un padrón electoral único representa un retroceso.
La solución es muy simple: que los artidos acuerden efectuar primarias con un padrón totalmente abierto, de modo que cualquier chilena o chileno pueda votar en cualquier acto eleccionario. La cédula única contendría entonces los candidatos en ambas primarias: las de la oposición y las de la derecha. Por supuesto que cada persona podría marcar solo una preferencia, porque de otro
modo el voto sería nulo.
Utilizar un padrón único en las rimarias no requiere modificación legal: la ley vigente ya lo permite. Basta que los partidos cierren la puerta a prácticas clientelistas y así lo decidan. Adoptada esa decisión, el Gobierno debe tomar la iniciativa e impulsar los cambios a la ley que permitan un padrón único. Es la mejor manera de garantizar que a ningún ciudadano o ciudadana le puedan mirar el voto.
Andrés Velasco
Candidato Presidencial

