En el camarín albo se festejaron los goles de Cobreloa tras el polémico final frente a la Universidad Católica. La lógica indicaba que si los delanteros salían de la sequía de las últimas fechas, se podía celebrar un triunfo ante Antofagasta y quedarían a solo un punto de los líderes del certamen.
Pero ese optimismo inicial se desvaneció pronto. Dando más facilidades que el Festival de Viña para entregar antorchas y gaviotas, los albos supieron concretar, pero se mostraron incapaces para mantener la ventaja ante un equipo disciplinado y veloz como el de Gustavo Huerta. Los yerros de la línea de tres que dispuso Labruna y, sobre todo, las lagunas de su mediocampo defensivo permitieron la reacción, que se vio empujada en la segunda etapa por la opción de la banca de apostar al riesgo para sumar hombres en ofensiva.
El gol de Muñoz sobre la hora los deja a tres puntos de la cima, con chances vigentes pero con la sensación de no haber encontrado aún un padrón de juego, lo que para un equipo que se obligó a ganar el título es preocupante sobre la sexta fecha. No hay movilidad ni utilización de las bandas ni un mediocampo equilibrado en el Cacique, labores que Labruna debe priorizar de cara a lograr su objetivo.
Porque, seamos claros, este Colo Colo no tiene futuro, porque sus tareas son inmediatas. No hay búsqueda posible si no se suma otra estrella, y en la difusa cúpula del club las señales contribuyen a enfatizar que este momento es apenas una transición, como viene ocurriendo desde hace rato. La rotativa de técnicos continuará y el anuncio del diario La Tercera sobre el retorno de Gabriel Ruiz-Tagle de la mano de Borghi en el mediano plazo solo se suma, en el juego de las adivinanzas, a los contactos ya iniciados con otros técnicos para la segunda mitad del año.
La credibilidad pública perdida por el actual adiestrador tras su desafortunado proceder en un simple accidente de tránsito es una certeza que solo puede eliminar con un equipo protagonista y sólido, un cabal aspirante a campeón. Algo que está lejos de plasmarse, porque sus mejores aciertos -en la temporada anterior y en la actual- son aquellos en los que Labruna logra darle solidez defensiva a una escuadra que en el mano a mano es sumamente permeable. Dicho en otros términos, en el riesgo, Colo Colo pierde.
Por eso, en un torneo apretado e incierto, de trámite corto y urgencias evidentes, los albos están en medio de una transición directiva interminable y agotadora, con un líder deportivo cuestionado y con un equipo que no encuentra la línea. La situación no sería crítica si no fuera porque la evidencia es contundente: este equipo piensa en el futuro como una opción de cambio, y da la sensación de que nada de lo que haga podrá cambiar ese destino.